¡Ni muerta!


Cuando su marido le propuso atravesar a pie España, con tonillo burlón y mirada desafiante… no le dio tiempo a pensárselo dos veces: con voz segura, respondió un rotundo “sí”. Ella se sorprendió, casi más que él, al escuchar esa valiente palabra salir de su boca. Pero ya la había dicho y no había vuelta atrás; su orgullo se lo impedía. Pero, ¿cómo iba a conseguirlo? ¡En toda su vida no se había alejado más de unos pocos metros del portal de su casa! No le gustaba viajar, la gente le agobiaba y le daban miedo el avión, el coche y el tren. Tenía que demostrarse a sí misma y al mundo entero que era fuerte y que podía luchar. Ganar o perder le daba igual. ¡La decisión ya estaba tomada! Lo haría por ella y por su, desde hacía algún tiempo, relación de cristal…; por quien nunca creyó que sería capaz ni siquiera de intentarlo; y por lo que más amaba: a su hija y a él.

Cuando conocí a aquella peculiar pareja avanzaban muy despacio, por lo que la mayoría de fortuitos compañeros de travesía que se encontraban, al poco tiempo los dejaban atrás. Por lo visto, comenzaron su Camino en Saint Jean Pied de Port (Francia) y habían tenido que atravesar los preciosos aunque crueles Pirineos en su primera etapa. Él lo llevaba bien, pues ésta era la tercera vez que se enfrentaba a tal reto, pero ella estaba destrozada; decía que un dolor insoportable le subía por la pierna izquierda, trepando como un alambre de espino desde el pie hasta la cadera: se había roto nada más empezar… Pero lo decía sin detenerse; siempre desde el movimiento.

Camina o revienta

Con el paso de los días, nuestra frágil heroína, fue recuperándose. Inventó su propia forma de caminar: andaba a pasitos muy cortos, poco a poco, sin parar nada más que para estirar y recobrar el aliento. No miraba jamás al frente, siempre para abajo. Sumida en la música de sus cascos y en el rápido clic, clac, clic, clac de sus dos bastones (grandes aliados), conseguía llegar tarde o temprano al punto de descanso diario marcado en el mapa. Había veces que el color de sus mejillas desaparecía y era sustituido por un blanco gélido, producido por el traicionero dolor que la martirizaba cada cierto tiempo, justo cuando se confiaba y pensaba que lo había vencido por fin. Pero un buen día aprendió a convivir con aquel incordio: ella no se quejaba y él la dejaba en paz durante algunos kilómetros cada jornada. ¡Ese era el trato! Cabe decir que, al ver los gestos de sufrimiento en su rostro, en varias ocasiones, muchos de nosotros nos ofrecimos a liberarla al menos del peso que llevaba a sus espaldas; o le recomendábamos que lo enviase en un coche de apoyo, como hacía tanta gente, hasta el lugar donde dormiríamos aquella noche…  Ella nunca aceptó. Tenía que conseguirlo por sí misma, sin ayuda, sin trampas. ¡Ya era algo personal!

A la semana y media comenzó a despegar la mirada del suelo y a ver todo lo que le rodeaba: los paisajes, las personas, los amaneceres y atardeceres… Incluso, a menudo, se volvía para contemplar cada largo recorrido o duro obstáculo que había vencido por sí misma. Comenzó a disfrutar del viaje… y no sólo del destino. Pasito a pasito, inconscientemente, empezó a dejar escapar su sonrisa que, a modo de espada, blandía con agilidad ante las penurias, las bromas, las historias y las canciones que nos regalábamos unos a otros para llenarnos de fuerza en cada batalla. Sin quererlo, se convirtió en nuestra atenta madre, siempre preocupada por nuestra salud (dejando en segundo plano la de ella); y en nuestra consejera sentimental, pues yo creo que la experiencia que nos sacaba no le había dejado ni un pelo en la lengua.

Heroína

Y, pese a todo pronóstico… ¡lo consiguió! Llegó, con la cabeza bien alta, a aquella meta que le parecía inalcanzable al principio; llegó de la mano de su gran amor, orgulloso de ella hasta la luna y vuelta; llegó con unas increíbles ganas de luchar, viajar, aprender idiomas y hacer sueños realidad… (Sueños que jamás se le habían pasado por la cabeza, hasta ahora.); llegó con tantos recuerdos inolvidables en su mente y en su corazón, y con tanta gente que la quería, mirase donde mirase… que no veía el momento para emprender una nueva aventura.

¡Que lo oiga todo el mundo!: llegó, llegó… y ¡llegó! ;)

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8 pensamientos en “¡Ni muerta!

  1. En verdad un ejemplo a seguir, marcarse una meta y luchar por ella con todo.
    Espero que siga superando muchos retos y miedos…y ser espectador en primera fila de ello.
    Otro gran relato que disfruto…me sigue gustando tu punto de vista.
    Saludos máster

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