Adopta un Guionista Novel


Hoy, en Adopta un Guionista Novel, hemos hablado en primicia con Jesús J. Pingarrón, uno de nuestros aspirantes favoritos. Nos ha contado cómo se ve el futuro desde los ojos de un contador de historias en prácticas, y los entresijos de su primer guión: “Princesa de las Luciérnagas“. No os perdáis esta brillante entrevista; y nunca mejor dicho…

– Tras aparcar tu trayectoria marketiniana para cursar el Máster en Guión de la Carlos III – ALMA, ¿cómo se ve todo desde ahí abajo, empezando otra vez de cero?

Fácil no, pero imposible tampoco. Ya nos lo avisaron el primer día que pusimos un pie en aquella aula: (con voz de galán de telenovela) “La vida del guionista es dura, chicos… Aún estáis a tiempo de cambiar de profesión”. Yo, que peino una década de canas más que el resto de mis compañeros, ya había oído eso acerca de un gran número de profesiones. Y de ninguna de ellas, que dijeran: (con voz de repartidor de flyers a la entrada de un bar completamente vacío) “¡Entrad, chavales! ¡Ésta es una carrera con muchas salidas!”. Así que, dejémonos de lloriqueos… ¡y a currar! (ríe)

Hombre, también es cierto que desmoraliza bastante cuando te metes en las páginas de las productoras, buscando la sección de empleo o contacto con toda tu ilusión, y, si es que la tiene, sólo te aparezca allí el cartel: “NO ENVIAR GUIONES”. Eso es casi tan cruel como encontrarte el de “Prohibido jugar a la pelota” al llegar al parque con tu balón bajo el brazo. ¡Pero bueno! ¿Queréis dejar de una vez de hacer precuelas, secuelas, entrecuelas y Espidermanes de todos los colores y sabores? Que sí… Ya sé que innovar da miedito y que más vale lo malo conocido… pero, almas de cántaro: ¡aquí hemos venido a jugar! ;)

– Sé que esta pregunta está algo manida, pero tengo que hacértela: ¿qué piensas de la polémica falta de reconocimiento de los guionistas en el sector audiovisual?

Es de esas cosas inexplicables de la vida… De hecho, de un tiempo a esta parte, me hierve un pelín la sangre cada vez que escucho uno de esos anuncios de próximos estrenos que terminan diciendo: “¡Una película de Fulanito!”, y ese tal Fulanito es el Director. Ni rastro del Guionista… Vamos, para mí eso es como darle el mérito de La Quinta Sinfonía al director de la orquesta que la interpreta, olvidando mencionar a Beethoven.

No me malinterpretes… No quiero decir que la labor del Director no sea crucial en el producto final; que lo es, y mucho. Pero, a ver: imagínate si esta Navidad, tu cuñado, que es un maestro cortador jamonero, se encarga lógicamente de partir el jamón del Cerdo que TÚ has Criado con mucho mimo desde que era tan sólo un embrión, para la ocasión… Entonces, va tu mujer, lo prueba y dice: “Mmmmhhh… ¡Pero qué riiiico! ¡Cómo se nota que lo ha cortado Fulanito!”. ¿Tú qué dirías, eh? Pues eso: ¡Y unos cojo***! ¡Que el CERDO es mío! (suelta una carcajada)

– Cuñados Jamoneros Vs. Criadores de Cerdos… ¡Buen título! (bromeo) En fin, hablemos mejor del de tu película: “Princesa de las Luciérnagas”. Debutas como guionista de un largo de fantasía. ¿Por qué este género, y no uno más “español”?

En realidad no fue una elección: me caí de bruces dentro de la Marmita Fantástica. Como bien dices, teniendo en cuenta las probabilidades de éxito en el mercado nacional actual, traté de emborronar aquella primera página en blanco con miserias humanas usando pinceles optimistas…Pero, nada, no me salía espontáneo: sólo eran palabras tristes disfrazadas con colores chillones. Comencé entonces a buscar un contexto en el que me sintiese a gusto, y que no me fuera a amargar la existencia durante los cientos de horas que iba a pasar inventando mundos.

Al fin recordé qué era lo que en verdad me entusiasmaba de pequeño: aquellas películas con las que salía del cine con la ropa oliendo a emociones; queriendo luchar contra magos despiadados, derrotar bestias y rescatar princesas prometidas. En definitiva, ¡ser un puñetero Goonie! Y en ese momento, ¡boom!, mi cabeza se llenó de Luciérnagas…

Cartel Princess of Fireflies

– ¿Quieres decir que lo que nos falta… es fantasía?

Eso es. Sólo los que hemos visto “La Historia Interminable”, dos o trescientas veces, lo sabemos… (ríe) En serio, este país ya sufre de bastantes realidades. Necesitamos, o por lo menos yo necesito, más historias en las que ganen los buenos, los malos se lleven su merecido y el amor dure para siempre. Creo que ya vemos a diario en las noticias demasiadas películas sobre corrupción, injusticias sociales y guerras sin sentido, como para mostrar más de lo mismo en la gran pantalla. Al fin y al cabo, los guionistas tenemos la posibilidad de “abrir ventanas” para que entre un poco de aire. No sé si me explico…

– Entiendo por esto que la tuya tiene un final feliz. ¿Me equivoco?

¡Faltaría más! Era lo único que tenía claro desde el principio de los principios. No sabía de qué iba a tratar, pero sí que tendría happy ending pese a que los entendidos me recomendaban insistentemente que no lo tuviese… ¡Pero yo, ni caso! En mis ratos de ocio, voy a ver una peli y quiero salir de buen rollo del cine, con ganas de vivir y de hacer el amor; no de matar o manifestarme… ¿Tú no?

– Con ganas sí. Otra cosa es que me dej — (carraspeo) ¿Podrías definir “Princesa de las Luciérnagas” en pocas palabras?

¡Buah!, se me ponen los pelos como escarpias. ¡Mira, mira! (se remanga un brazo) Creo que lo mejor es que cite a LEO, uno de los protas, cuando le cuenta su historia a NORA, la superprota: “Chico Ciego conoce Princesa. Princesa pasa de Chico. Mago deja ciego a Reino y rapta Princesa. Hechizo devuelve vista a Chico. Reino envía Chico a romper hechizo y salvar Princesa. Chico se caga en los pantalones. Chico, Reino y Princesa mueren. Fin.”

– El clásico “viaje del héroe”, vamos…

No había terminado todavía, mi queridísimo Syd Field… Pero ya que lo mencionas, eso no es del todo cierto: más que el “viaje del héroe” ¡es como el viaje que te pega la Heroína! No me mires así… Porque NORA, una muchacha bárbara en todos los sentidos, cambiará el destino de ambos. ¿Qué digo de ambos? ¡De la humanidad al completo!, y… y– ¡No me tires más de la lengua que te conozco! Si quieres saber lo que pasa… ¡léete el guión, maldito! (risa de ultratumba)

– Vale, queda claro que no tienes abuela. Te emocionas al contarlo… Hay mucho de ti en ese guión, ¿verdad?

¡Me lo he pasado tan bien escribiéndolo! He soltado tantas risotadas y lagrimones yo solo… Estoy seguro de que mi familia ha pensado en múltiples ocasiones que me estaba volviendo loco. (ríe) Recuerdo lo que me dijo Azucena Rodríguez “La Rubia”, la directora que tutorizó mi proyecto, cuando descubrí por fin lo que quería contar: <<Estás enamorado de tu historia, de tus personajes, ¡hasta del malo de la película! Y eso… se nota y vende>>. Desde aquí le mando un abrazo y le doy las gracias por todo lo que ha conseguido sacar de mí. ¿Se podía saludar,  no? (fuerzo una sonrisa)

 – Ahora que hablas de “vender”: no quiero quitarte la ilusión, pero eres consciente de que esta película sería carísima de levantar y que es casi imposible que un productor se atreva con ella, ¿no? Además, veo que, con un par… has metido hasta una canción de QUEEN en los créditos. (trato de no reírme)

Casi imposible, tú lo has dicho. Mira, esa misma pregunta me la hizo el director Montxo Armendáriz cuando, como parte del proyecto del máster, le lancé mi “pitch” del guión. Mi respuesta fue: <<Los sueños son caros>>. <<Yo sueño cada noche… y me sale gratis>> dijo él; y yo repliqué <<En la saga “Torrente” se han invertido 29 millones de euros… ¿Quiere que le recuerde la barbaridad que lleva recaudado hasta ahora aquel sueño tan descabellado y mucho más caro que el mío?>>. En contra de todo pronóstico (que me metiese las luciérnagas por el ejem…), Montxo y el productor José Nolla me pusieron una de las notas más altas de las exposiciones que evaluaron aquel día.

jardin-de-las-luciernagas

– ¡Por las cuencas vacías de Falkirk el Mago! ¿¡140 páginas de guión!? ¡Ahora sí que nadie, NADIE, va a leerlo siquiera!

Alguien tuvo que leer “Avatar”, “Titanic”, “Palmeras en la nieve”… ¿no? ¡El mundo es de los valientes!, y ése es el tipo de mundo para el que he escrito este guión. Precisamente va de eso: de VALOR.  Pese a que es cierto que he sido un poco “cuentacuentos” adrede, porque me gusta jugar bonito… no dejan de pasar cosas: ¡es un no parar de emociones visuales! <<Qué leyenda, Leo… ¡Qué leyenda!>> (rescata ese diálogo del personaje llamado MILENIUS de su guión). Si del librillo de “El Hobbit” se sacaron tres películas, de tres horas cada una y a cuál más alucinante, ¿por qué no de ésta?, ¡jamones!

– Bueno, no te enfades… Háblanos de tu inspiración para escribir esta Aventura. ¿De dónde la has sacado? ¿Te ha costado mucho encontrar la historia y conocer a tus personajes?

Doy largos paseos. Sí, ando. Mogollón. Que no sé si me inspirará o no… pero me está dejando un culito que flipas. (ríe mientras se levanta y me da la espalda) ¡Toca, toca! (gracias a Dios vuelve a sentarse) ¿Te he dicho que hice el Camino de Santiago? En aquellos 800km encontré la semilla de esta película, aunque ya casi ni se parezca a la idea original: vi a un ciego caminando…  y, ¡chas!, apareció a mi lado.

También he tomado prestado mucho de mis exnovias: sus sonrisas, sus miradas, sus muletillas, sus mosqueos… Sí, sí, se lo he mandado y han dejado de hablarme… (suspira) Qué nooo… ¡les ha gustado mucho! (me da un puñetazo en el hombro). Dicen que es muy yo: “fresita”, ochentero y emotivo. Que les ha hecho reír, llorar y soñar. Bueno, eso también lo ha dicho mi madre, que es bastante más dura de roer. Mi padre, en cambio, sin dejar de mirar “El Intermedio”, me dijo que estaba bien escrito… Nada más. (entre dientes) ¡Qué cabrito! (ríe con cariño)

Respecto a cuánto me ha costado… Mmmhhh… Entre el máster, los seis meses de prácticas no remuneradas, los cigarros que he dejado consumir en el cenicero, el curso de inglés intensivo por si me daban El Óscar, los psicólogos por si no me lo daban, las pastillas para dormir cuando me despertaba sudando en mitad de la noche gritando “¡Mierda, mierda, tengo un agujero de guión!” y las cervezas a las que he invitado para que alguien me escuchara hablar sin parar de magia, ciegos, amor verdadero, Pegasos y libertad sexual… Calculo, que como si me hubiese comprado un coche nuevo. Pero te aseguro que ha merecido la pena hasta el último céntimo invertido en esta “Aventura”, tal y como tú la has denominado.

– No me refería a lo económico… ¡pero qué burrada! ¿Has dicho Pegasos?

¡Vaya, por lo que veo ya no sorprende lo de la libertad sexual! Yo que te había echado ahí el anzuelo… (me mira cómplice; yo le ignoro) Sí, Pegasos: ¡caballos alados! Lo sé, esos bichos son caretes. Ya hemos hablado de eso… Pero me alegro de que me hagas esa pregunta porque fue clave en el proceso. Siempre me acuerdo de un comentario de una compañera de clase, experta en narrativa fantástica: <<No puedes usar la palabra Pegaso, Jesús… ¡Estás rompiendo las reglas de la fantasía!>>.  Esa frase me abrió los ojos: no sólo tenía que romper las normas de lo fantástico, sino también las de lo cotidiano… ¡Rompí hasta la Luna! Y en ese preciso instante mis personajes dejaron de ser coherentes (adjetivo aburrido donde los haya) para convertirse en únicos e imprevisibles. Porque así es como somos los seres humanos en la vida real: nos queremos pero nos mentimos; nos quejamos pero no nos atrevemos a cambiar nada; nos da vergüenza decir Te Amo; contamos chistes en los funerales… Y así todo.

La Luna Rota

– Entonces ¿es una película de animación? Me había dicho un pajarito que la relación de tus protagonistas era tormentosa, y que decían “tacos camuflados”…

Sí y no. En el cine de hoy en día, ¿qué película no tiene parte de Animación? Si te digo la verdad, los que han leído el guión mantienen que es del estilo a “Cómo entrenar a tu Dragón”. Así que, oye, perfecto si LIGHTBOX -“Tadeo Jones” y “Atrapa la bandera”-, a cuyos dueños mando otro abrazo fuerte, fuerte, pero fueeer– (carraspeo: ¡les está tirando lo caña, el jodío!), o el mismísimo Sr. DISNEY (cuando le descongelen) quieren hacerla exclusivamente en Animación 3D Digital… ¡Adelante! También quedaría espectacular, fijo.

Yo sólo digo que no hay que olvidar que se está rodando “La Bella y la Bestia” con unos personajes de carne y hueso, y otros de píxeles, luces y sombras… y eso sólo puede significar algo: ¿por qué conformarte con una sola cosa, si puedes tener las dos, Bro? (cruza los brazos como un rapero; definitivamente… este tío es tonto)

Ésta es una peli para toda la familia, pero donde se ha tenido en cuenta que estamos compitiendo con monstruos que vienen a vernos y Harry Pótteres cada vez más complejos y oscuros, que buscan “hechizar” no sólo al público infantil. ¿Lo pillas?

– (con saña) Siento decirte, Bro… ¡¡¡que TÚ no eres J.K. Rowling!!!

Ya, y es probable que nunca lo sea. Pero lo que está claro es que, no hace tanto, ella sí fue un J.J. Pingarrón cualquiera(me guiña un ojo; no puedo evitar sonreír)

– Ha sido un extraño placer haberte tenido hoy aquí, Jesús. Mucha suerte con tu Princesa. Espero que te sirva al menos para que te contraten en algún otro proyecto… ¡La vas a necesitar, genio!

El placer ha sido mío, tocayo. ¡Tú sí que eres un crack!

– Déjalo ya… Creo que a estas alturas… ya todos saben que esto es una Autoentrevista. ¡ja, ja!

Tranquilo, no creo que hayan llegado a leer hasta aquí… ¡ja, ja! Anda, corta…

“PRINCESA DE LAS LUCIÉRNAGAS”

¡Tan próximamente en cines como tarde en leerla algún valeroso productor!

…COMIENZAN LOS CRÉDITOS…

¿Pero se puede saber a qué estáis esperando? ¡Haced algo! Compartid esto, likeadlo, tuiteadlo, reblogueadlo, donad dinero para la causa, etiquetad a Amancio Ortega; llamad a Bayona, a Banderas, a Cruz, a De la Iglesia, a Machi, a Almodóvar, a Bardem… ¿Yo qué sé? ¡A Resines! Whatsappead a Amenábar y decidle: “Tío, tío, tienes que ver esto… ¡He encontrado tu próxima peli! + Simbolito de palmas, palmas, palmas”. (Os pongo un sucedáneo en inglés por si conocéis a Spielberg y Lucas -los cantantes no, los otros-: “Guys, guys! Oh, my God… I’ve found your next fucking movie! + claps, claps, claps”)

¡¡Recordad que NORA y LEO lo harían!! ;)

(vuelvo a reír)

…LOS CRÉDITOS CONTINÚAN…

Dossier Visual del Guión (Pincha para ver o descargar)

El pie fuera del precipicio


Siempre he estado de acuerdo con eso de que es bueno sentir “algo de miedo” cuando te enfrentas a la mayoría de las situaciones que te hacen avanzar.  Cuando vas a salir al escenario, cuando estás a las puertas de alcanzar o no un sueño, cuando has tomado la decisión de huir de lo que te ata a eso que te hace tan infeliz; o el miedo más terrorífico de todos: cuando vas a dar el primer beso. Yo lo llamo “el pie fuera del precipicio”. Porque, por mucho que hayas trabajado,  por mucho que creas en tus posibilidades, por mucho que sepas que es lo que quieres en realidad… puede salir cruz, puede salir rana, puede, simplemente, no salir. Y eso, camaradas, vaya que si da miedo.

Lo peor es escuchar a la gente de alrededor llamándote “valiente”, mientras tú luchas por aguantar las ganas de vomitar y te esfuerzas por maniatar al enjambre de preciosas mariposas y abejas asesinas que se te arremolinan en el estómago; que, sin preocuparles ni lo más mínimo tus taquicardias y apneas nocturnas, libran una encarnizada batalla a muerte en tu interior. Te dejan sin aliento, desnudo con todos mirándote expectantes, colgando de un hilo sobre el abismo. ¡Qué miedo, joder, qué miedo!

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Pero luego todo pasa. Sí, y menos mal. Si lo has logrado se te olvida el pavor que sentiste. Si fracasas, aprendes de tus errores y culpas al karma (o a los otros, que alivia más). Si te caes de bruces en mitad de las tablas, con el telón ya subido, el aplauso del público, humano al fin y al cabo, te da las fuerzas necesarias para levantarte y hacer una reverencia agradecida. No pasa nada. Todo se olvida al final. El  miedo se diluye.

Incluso la rojez y la vergüenza de tu mejilla tras la bofetada por aquel beso que robaste, se borran tarde o temprano. Porque al menos lo intentaste. Porque “la angustia de no saber qué habría pasado si…” ya no volverá jamás a darte punzadas en el pecho. Y, en ese preciso instante, te das cuenta de que aquellos ojos asombrados tenían razón: ¡eres un valiente! Apaleado, pero valiente. Son cosas compatibles.

Y sonríes, vaya que si sonríes.

El miedo es así. A veces un aliado, a veces un monstruo, a veces… sólo es uno mismo.

Detrás de un café


SEC.1. LOFT DE MARÍA Y MARIO – INT. AMANECER.

Un reloj de cocina marca las 6:15h de la madrugada. Los primeros rayos de sol se cuelan por los agujeritos de una persiana a medio bajar. MARIO (37), de aspecto cansado, entra en su pequeño loft de Madrid y se encuentra a MARÍA (32) en el sofá, medio desnuda. Ella alza la vista con ojos juguetones, removiendo su café con la cucharilla. Él la saluda sin mucho afán, la besa en el pelo y se deja caer de bruces sobre la cama de matrimonio. María se queda chafada.

MARÍA
(tratando de contener su enfado)
¿Te tomas al menos un café conmigo, amor?

Si María le hubiese dicho esto a Mario, en lugar de mojar sus ganas en el café… el cuento habría tenido otro final. Sí, probablemente habría terminado de todas formas, pero seguro que no con otra cruz mintiendo en el noticiero.

Estoy convencido de que el secreto de la Felicidad no se encuentra tras una montaña de dinero o de un gurruño de sábanas revueltas con olor a desconocido; ni siquiera a la sombra de la fuente de la juventud eterna… Qué va. Se esconde detrás de un café.

No sé tú, pero yo he pasado los momentos más importantes de mi vida asomado a uno de ellos. Los más divertidos, los más bonitos, los más amargos, los más emocionantes, los más decisivos…

No ha habido una noche de pasión desenfrenada que me haya hecho sentir tantas cosas juntas como observándola desayunar frente a mí, con café y sueño en su mirada.

MARÍA
(atusándose el pelo, enfurruñada)
No me mires… ¡Tengo que estar horrible!

Pero tampoco ha habido un día más vacío, que ése en el que nos dimos cuenta de que ya no quedaban posos que leer en el fondo de nuestras dos tazas de IKEA.

MARÍA
(con un nudo en la garganta)
Este café… se ha quedado helado…

Detrás de un café, he reído a carcajadas con amigos. Mucho. Hemos arreglado mil y una veces el mundo, para llegar a la conclusión, al pagar la cuenta, de que debíamos dejarlo tal y como estaba. También he llorado con ellos, no te creas. Bastante. Nos hemos desahogado, insultado, aconsejado entre nosotros; y despachado a gusto con jefes sin alma tras sus galones y chicas sin corazón tras sus sujetadores. ¡Qué bien sienta, dios!

Pero, sin duda, lo mejor de ponerme detrás de un café… es que se me ocurren las mejores ideas, se me agolpan las rutinas y se me despiertan los sueños. En ese preciso instante, cuando veo que estoy a punto de mojarme las ganas –y las canas­– en él, llamo al gran almacén donde trabajo para decir que llegaré tarde. No, mejor, ¡que no voy a volver!, y corro a buscar a Mario a la salida de “El 33”. Pues, justo al lado, hay una preciosa cafetería, perfecta para cambiarlo todo… Para empezar de nuevo.

Recuerdos Fotosensibles


Como cada año por estas fechas, las fotografías clavadas con chinchetas en el corcho de mi pared han comenzado a combarse… Sé perfectamente que es debido a la reacción química producida por el calor en sus células fotosensibles (como sabrá cualquiera que tenga un mínimo de curiosidad y acceso a la sabia wikipedia); pero yo prefiero pensar que es porque mis recuerdos son tan geniales que cada día pesan más. La gravedad y los años… Ya sabéis.

He llegado a la alegre conclusión de que soy como Dory, ese pececito-chica azul que lleva unas semanas chapoteando y saltando de pantalla en pantalla de cine, haciéndonos reír y emocionarnos tanto a los niños. Sí, me olvido de las cosas. Miento. Me olvido de las cosas malas. Pero tranquilos, este problemilla convierte las Buenas, por minúsculas que sean, en gigantescos momentos difíciles de borrar de este cerebro y corazón medio llenos. Como el vaso.

Sigue nadando

No te engañes, cenutrio, diréis. Y, ¿por qué no?, os digo yo. ¿De qué puede servir un recuerdo malo, además de para calzar una mesa? O mejor aún: para apilarlo encima de los otros en el suelo y subirte, llegando así a alcanzar los Buenos. Ésos que suelen estar en las baldas más altas de la estantería.

Quizás ése sea precisamente el motivo por el que se comban mis fotos, al igual que se me doblan los recuerdos. Para que las pueda mirar desde abajo embobado, cuando más lo necesito, y pensar: “Hay que ver… qué pedazo de vida estoy teniendo. Tú sólo sigue nadando, sigue nadando…”

¡Sí, quiero!


Jamás podré olvidar aquel Sí…

Tras dar cien mil vueltas en su busca, justo cuando estaba a punto de perder la esperanza… apareció. Y allí estábamos los dos: el uno al lado del otro, muy juntos. La miré. Me miró. Yo, gesticulando con una mano, no pudiendo esconder mi nerviosismo, dejé escapar mi pregunta en un susurro; casi sin voz…

Aquellos eternos segundos y la indiferencia reflejada en su mirada, casi acaban conmigo… Pero, al fin, leí en sus labios aquellas preciosas dos letras, mientras mi ángel asentía con una gran sonrisa y me dejaba ver tras la ventanilla cómo daba el intermitente… haciéndome el hombre más feliz del mundo.

-Perdona… ¿Te vas?

;)

anillos

Luciérnagas de Asfalto


Las Luciérnagas de Asfalto existen. Creedme. Las he visto, escuchado, e incluso tocado; aunque olerlas es lo que más me gusta. Son tierra mojada. Son regaliz. Son perfumes de mujer que te transportan a pasados que habías olvidado. Te traen paz en medio de tanto caos, tanto ruido, tanta velocidad. Te besan en los labios cuando te vuelves de cemento, cuando notan que tu corazón se está enfriando. Te derriten. Te salvan del miedo a menudo, recogiendo tu toalla del suelo y susurrándote “levántate”.

A las Luciérnagas de Asfalto no se las puede llamar. Ellas te encuentran a ti. Simplemente aparecen. Están ahí cuando más las necesitas, bailando entre los grises edificios que nublan tu ciudad, tu mente… Esos mismos que no te dejan ver el sol, y que, con toda seguridad, tú has ayudado a construir frente a tu ventana. Son psicólogas sin título colgado en la pared; con despacho en los bares, parques, camas y norias de feria. Cobran en cervezas, carcajadas, pipas de calabaza y furtivas miradas de gracias.

Pero las Luciérnagas de Asfalto son también frágiles. Sí, están hechas de un cristal finísimo para dejar pasar la luz; de un vidrio vapuleado por la polución y tristeza de los otros. Así que, trátalas con suma delicadeza cuando se te acerquen. Cuídalas. Eso es. Cuídalas como si su resplandor dependiese de tu alegría, de tus caricias, de tus palabras de perdón. Observa sus fisuras. Después atúsales el pelo y lame sus heridas, aunque te quemes la lengua y las manos. Porque si no lo haces a tiempo, terminarán rompiéndose en mil pedazos, apagándose para siempre.

¿Quién sabe? Quizás, esa figura desnuda que se refleja en tu espejo, brillando de forma intermitente… sea una de Ellas.

Luciérnagas de Asfalto