Arma de seducción masiva


Aquel muchacho cruzó el charco cargado de sueños. Desde el minuto uno, la suerte le sonrió; y decidió compartirla con todo aquel que se cruzase por su Camino. ¡Los llegó a conocer a todos! ¡Y todos le conocieron a él!

A sus valientes 25 añitos no temía a nada. Ni la gente, ni la soledad, ni el frío, ni el hambre, ni siquiera su propio futuro… podían con sus ganas de vivir y aprender. Tenía un arma muy poderosa entre sus dos orejas: una gran sonrisa que conquistaba incluso al más arisco. Desde las señoras de avanzada edad –que veían en él al yerno perfecto–; pasando por los hombres más rudos –vencidos por las agallas de aquel escudero imposible de desmoralizar–; hasta llegar, cómo no, a las jóvenes más bellas e inalcanzables del lugar –a las que adulaba con su exótico encanto brasileño y su entusiasmo por comerse el mundo–… todos, absolutamente todos, sucumbían a su positiva y “sin ánimo de lucro” forma de ser.

Disparaba enormes sonrisas a diestro y siniestro. Sus carcajadas se escuchaban volar desde bien lejos (siempre que viniesen en contra del viento***): infalible sistema de autodefensa contra la falta de entendimiento, la adversidad y el cansancio. Con su limitado castellano, sin miedo ni miramiento alguno, saludaba, animaba y daba conversación a todo aquel que osase a caminar a su lado, intencionadamente o por casualidad. Al instante se convertía en el mejor compañero de viaje; en ese “suplemento vitamínico” que impulsaba nuestros pasos, por muy desanimados o doloridos que estuvieran. Además, eran muy difíciles de superar los sentidos abrazos que regalaba a quien más los necesitara, y las sinceras lágrimas que dejaba escapar con cada “gracias” que se le entregasen a cambio.

[***Un grupo de expertos mineros, durante sus arduos años de trabajo en los túneles, descubrieron que el sonido viaja mejor en contra del viento que a favor de él. Incomprensible pero cierto… ¡Haced la prueba! ;) ]

Debió de enamorarse como unas ciento diecinueve veces durante su andanza… Dejó ciento diecinueve corazones rotos y uno intacto: ése que haría el número ciento veinte, ése por el que había cruzado el Atlántico para no volver; ése por el que lo habría abandonado todo si se lo hubiese pedido; ése por el que su Camino está aún inacabado; ése que quedará desarmado frente a la primera de sus sonrisas… cuando lo encuentre.

Cuando te encuentre

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Un pensamiento en “Arma de seducción masiva

  1. Maravillosos 25 años, y que gozada poder dejarse llevar por ellos en pleno camino de Santiago.
    Impresiona conocer a alguien tan joven, con tanta experiencia de la vida…y con la suficiente velocidad en la sangre para seguir dando bocados a todo lo positivo que se le acerque.
    Y aunque de buen ritmo, creo que la imagen que yo tenia de la capoeira tardara en volver a ser buena por su culpa jajajaja
    Gracias por describir tan acertadamente a otra persona importante en mi “buenísimo camino”
    Un abrazo maestro

    *** De la mar el mero, de la tierra … el minero

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