Desastres con encanto


Ni por un instante de los eternos siete minutos que tardé en subir por primera vez aquellos sesenta escalones de piedra desgastada, con veinte kilos de maleta en una mano y un paraguas empapado en la otra, mi mente sofocada se imaginó lo que ese ascenso a la torre más alta del castillo iba a significar para mí; desde aquella misma noche…

9 Spottiswoode

Pese a los incontables intentos que hice por conciliar el sueño en aquella fría habitación, inundada de mil olores y reflejos desconocidos que se colaban por las rendijas de su gran ventanal, no había forma de pegar ojo. Y, justo cuando creía que lo iba a conseguir por fin… sucedió:

Unos fuertes golpes en la puerta de entrada me sobresaltaron. Esperé, conteniendo la respiración, con la esperanza de que alguno de mis compañeros de piso, a los cuales aún no había conocido, se levantara a ver qué pasaba. Pero nada, allí no se movía nadie… Armándome de un valor que no me caracteriza, salí de la cama y luego al corredor helado. Descalzo y de puntillas me acerqué a la puerta. Y, justo cuando iba a pegar mi oreja a ella… Otros tres mamporros en la vieja madera casi me matan del susto, haciéndome soltar un grito desproporcionado, y casi caer de culo sobre la moqueta. En respuesta a mi pérdida de hombría escuché una risilla al otro lado del portón… Luego, un hipo. Abrí.

Allí había una chica de piel clara y pelo revuelto, tambaleándose. Tenía el rímel corrido bajo unos ojos azules que me observaban divertidos… Sin darme tiempo a reaccionar, mientras soltaba una retahíla de ebrias palabras en inglés (de las cuales sólo entendí “llaves” y “una palabrota”), me dio un rápido beso en la mejilla y un efusivo abrazo que por poco nos hace perder el equilibrio y caer al suelo. Después, en décimas de segundo se descalzó sin mucho preámbulo, dejando allí en medio sus botas mojadas; justo al lado de otros dos pares de zapatillas que estaban exactamente en la misma posición la izquierda de la derecha. Supe entonces que también eran suyas, y que debía de ser uno de sus catastróficos rituales diarios… Y no me equivocaba. Pero me sigue haciendo gracia.

Huella Rachel

La chica sin nombre me miró por última vez. Se llevó dos dedos a la sien a modo de saludo militar y subió las escaleras dando tumbos hacia la planta de arriba, donde debía de estar su cuarto.

Y allí me quedé yo. Como un pasmarote. Riéndome solo de aquel desastre por un buen rato…

Semanas después de aquello, siempre que le pregunto por la noche en que nos conocimos, Rachel responde que no se acuerda de nada… Pero, cada una de esas veces, me pide que se lo cuente de nuevo para volver a deshacerse en carcajadas.

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7 pensamientos en “Desastres con encanto

  1. No deja de ser atractivo tener -fuera de tu pais, familia, amigos, etc.- la gran suerte de poder reirte y mas suerte con alguien en estos tiempos que corren, Animo

  2. Parece ser que la muchacha llegó un poquito “pissed”….Le faltó haberte dicho “Welcome to Britain” mientras te abrazaba. La anécdota tiene su punto cómico por la forma en que terminó….pero supongo que son de esas cosas que si se repiten dejan de ser graciosas, sobre todo si después del abrazo te tienes que ir a la ducha a limpiarte y después…..no te puedes imaginar lo que cuesta limpiar una potada de un suelo enmoquetado ;-). Qué costumbre esa de forrar los suelos de felpa, verdad???? con lo fácil y práctico que es un suelo de gres para limpiar y desinfectar :-).
    Ahhh, y la próxima vez no te asustes, los fantasmas en los castillos suelen ser de ese tipo que te encontrastes, lo peor que te puede pasar es que te abracen, te besen….o lo que afortunadamente no pasó, nada por lo que echarse a temblar ;-).

    Te envidio por estar en el lugar correcto en el momento apropiado, Escocia en los días que rodean al solsticio es un sitio realmente mágico, con esos días larguísimos y noches sin oscuridad completa…..Lo sé, otra costumbre de aquella gente es no haber descubierto un fantástico invento llamado persiana….

    • Descuida, socio. Al día siguiente me compré unos tapones para los oídos, para evitar escuchar las cadenas de los fantasmas de la noche… Y un antifaz para combatir la falta de persianas de la que hablas. (Y más amaneciendo a las 4 de la madrugada! jaja!) Y sí. Me siento muy privilegiado por estar donde estoy, la verdad! Pero suele pasarme… Creo que eso va con la persona y sus actitudes, que no aptitudes. ;)

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