Madurar de la risa


“Tú siempre te estás riendo, ¿no?”. Cuando mi jefa me regaló esa frase al poco de conocerme, alucinada por encontrarse frente a frente con un trabajador con un entusiasmo y una jovialidad inusuales en un lomo plateado como yo, me quedé paralizado. Más que nada, porque me recordó que hacía por lo menos una década que nadie me acusaba de algo así… Y me asusté. Mucho. Pese a darle por respuesta un “debe de ser que soy feliz” seguido de una carcajada, me horrorizó pensar que llevaba diez años con la risa floja perdida, y que ni siquiera me había dado cuenta. ¡Diez!

“Menos mal que mi subconsciente se ha debido de percatar de mi despiste… y ha abortado misión antes de que sea demasiado tarde”, me dije. :) Pero ¿qué me había pasado para olvidarme de reír por reír durante tanto tiempo? No podía creerme que eso estuviera englobado dentro de esa palabrota que tantas veces me han arrojado a la cara; quizás con razón en algunas, y por pura pataleta en otras: ¡madura!

Y digo yo, ¿no será al revés…?

Foto real tomada en mi oficina. Dicen que soy el limón.

En serio, adultos, ¿qué puede ser tan importante como para perder la risa? No podemos consentir que, después del dineral que se gastaron nuestros padres en ortodoncias, y las penurias que pasamos nosotros por llevar la boca repleta de hierros en plena adolescencia, nos cueste tanto sonreír ahora… ¡Venga ya!

Que sí, que lo sé, que esta vida tiene sus tristezas, injusticias y desamores; y hoy más que nunca. Pero no me negaréis que una de las cosas más bonitas y necesarias que tiene este mundo, es que exista ese alguien que te haga sonreír cuando estás llorando.

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El Síndrome del Guapo


Yo nunca me he visto más guapo de lo que mi madre me ha dicho siempre que era. Tengo días, como todos, imagino. De ésos que te miras al espejo y dices: “¡Vaya, mi madre vuelve a tener razón!”, y sales a la calle con una sonrisa de oreja a oreja y la gente te mira raro. No porque te vea más guapo que ayer, pues probablemente no te conozca de nada y no pueda compararte con otros días, sino porque llevas la cabeza bien alta y tu cara refleja un “me importa una mierda lo que penséis porque hoy tengo el guapo subido”. Y lo saben. Y lo sabes. Y vosotros también lo sabéis.

Pero lo más maravilloso es que a esa misma gente se le escapa una sonrisa por ver a una persona feliz y segura de sí misma, en un mundo tan gris y acobardado. Lo más probable es que no te vean ni guapo ni feo, simplemente ven a alguien brillar sin motivo; y eso no pasa a menudo.

Esta reflexión viene porque una de mis últimas noches de vino y rosas, un gran amigo, hablando de todo un poco, me dijo, así, a puerta gayola: “A ti lo que te pasa, es que tienes el síndrome del guapo: nunca te conformas con nada ni nadie, por muy bueno que sea, porque siempre piensas que podrás encontrar algo mejor…”. ¡Mátame camión! Creo que fue de los pocos piropos que me han echado en mi vida. Pero en lugar de ruborizarme, su sabor agridulce me revolvió el estómago… ¿Sería verdad?

Corrí al baño con el único objetivo de mirarme al espejo: tenía aspecto cansado y mis iris habían apagado su color verde hasta casi volverse marrones por completo. Las arrugas se dibujaban más que nunca en mi frente y tiraban de las comisuras de mis ojos hacia mis orejas incandescentes; y mi barba de tres días ya no era tan sexy como yo la había querido verla tras salir de la ducha aquella tarde, sino, más bien, de vagabundo. Estaba feo. Qué digo feo, ¡estaba feo de cojones!

Pasé más de diez minutos allí encerrado, aunque la gente de aquel bar no dejaba de aporrear la puerta desde fuera. Pero es que no podía parar de observar mi reflejo, perplejo. Cómo si fuera la primera vez que ese demacrado desconocido y yo nos viésemos las caras.

Y en mi cabeza no dejaban de chocar tres ensordecedoras ideas, como las bolas de un billar francés intentando escapar a la desesperada de su cautiverio, buscando unos agujeros que no existían: la primera, que mi madre me había mentido desde bien pequeño para hacerme fuerte. La segunda, que mi amigo me quería mogollón, aunque no vea muy bien, el pobre, y además me destroce de vez en cuando con sus verdades a medias. Y la tercera, y no por ello menos dolorosa, que ahora entendía por qué las mujeres más bellas que he conocido y deseado a lo largo de toda mi vida… tienen siempre la mirada tan triste.

¡Te vas a quedar con las ganas, idiota!


Sí, sí, tú… que estás leyendo estas líneas. Se nos acaba el tiempo. A ti y a mí. Y lo peor de todo, es que ninguno de los dos estamos haciendo nada para reclamar el trocito de playa que nos corresponde en el fondo de este reloj de arena. Te lo repito gritando, por si no te has enterado. Y esta vez me incluyo: ¡NOS VAMOS A QUEDAR CON LAS GANAS!

Sé que te mueres de miedo. A mí me pasa lo mismo a menudo. Incluso ahora mismo.  ¿Y si…? ¿Y si…? Pues te diré una verdad de la que me doy cuenta de Pascuas a Ramos, pero que, como buen cobarde que soy, he tratado de esconder en lo más profundo de mi montaña de temores hasta hoy: efectivamente, te mueres. Te estás muriendo y no dejas de hacerlo. Y yo también, aunque me mate reconocerlo. Tic-tac…

Por todo esto, y aunque sepa que con estas palabras podría estar cavando mi tumba más profunda y rápidamente; y sólo por si esta valentía mental transitoria me dura demasiado poco, quiero que sepas que me asusta perderte. Perdernos, eso es. Me asusta despertar y no encontrarte nunca en la cara oculta de mi luna. Ni esta noche, ni la de mañana, ni ninguna. Sólo por no habernos atrevido. Así que, ni se te ocurra morirte antes de que lo hagamos, ¿me oyes?

Porque a este idiota le sobran ganas, de hacerles un hueco a las tuyas.

De una vez por TODAS


Las mejores personas que conozco son mujeres. Las mejores estudiantes, mujeres. Las mejores maestras, mujeres. Las mejores jefas, mujeres. Las mejores amigas, mujeres. Las mejores amantes, mujeres. Las mejores, sin duda, mujeres…

Las personas más especiales con las que me he cruzado son mujeres. Las más divertidas, mujeres. Las más valientes, mujeres. Las más creativas, mujeres. Las más interesantes, mujeres. Las más luchadoras, mujeres…

La mayoría de las personas que admiro son mujeres. La mayoría de las que me dan lección tras lección, mujeres. La mayoría de las que echo de menos a menudo, mujeres. La mayoría de las que quiero, y sin las que no podría vivir, mujeres…

De una vez. Por Todas. Por Ellas. Mujeres.

De palabras y viento


Quien diga que las palabras se las lleva el viento, miente. No debería generalizar. Por lo menos con las de amor. Me refiero en primer lugar a ésas que se anclan al suelo y a la carne, y no hay huracán que se atreva siquiera a intentar moverlas del sitio donde cayeron. Sabéis de las que hablo, ¿verdad? Lo habéis adivinado: las palabras-yunque. La verdad es que varían de una persona a otra, y cada uno tenemos las nuestras. Por ejemplo, para mí, un buen ejemplo sería “Ya no te quiero”. O peor: “Nunca te he querido”.

Luego hay otras que pesan mucho menos que las anteriores, y que, efectivamente, vuelan. Pero son muy tramposas, y, cuando crees que ya las has perdido de vista, se te meten en los ojos al girar una esquina y oler un perfume, ver una foto o al escuchar una canción. ¡Malditas palabras-de-arena! Son ésas que suenan a “Sí, quiero”.

Además existe otra variedad. Quizás la más traicionera de todas. Y es ésa que, por más que llenas tus pulmones al máximo, tu soplido no está lo suficientemente convencido de querer hacerla desaparecer para siempre. Hablo de ésas palabrotas que tú mismo dijiste, que lanzaste casi sin apuntar con tu arco de cuerdas vocales, y que ahora te persiguen vayas donde vayas. Las llamaremos las palabras-sombra, si os parece bien. Así, a bote pronto, se me ocurre “Ojalá no te quisiera tanto”.

Y, por último, las palabras que están hechas de aire. Quizás las únicas que de verdad se lleva el viento. Las que, una vez que se van, no vuelven. Porque éstas, sí que sí, son mentira. Me refiero a las palabras-promesa. En esta ocasión sí que son las mismas para todas y cada una de las bocas abiertas de este planeta: “Te voy a querer siempre” o “Nunca querré a nadie como te quiero a ti”. Y menos mal que se las lleva. Porque si no…

Perdón, perdón, casi se me olvidan ésas que nunca dijimos o que sólo tuvimos el valor de susurrarle a nuestra almohada o a una hoja en blanco… Sí, las que si consiguen alguna vez salir de nuestros labios, se convierten en palabras-te-quiero-sin-venir-a-cuento.

Pero, ¿sabéis qué os digo? Que nunca es tarde para decir “te quiero”. Porque en realidad estas dos palabras, no son palabras. Son flores. Son viento.

El currículum invertido


Aprovechando que acaba de comenzar el nuevo año, y que éste sí que sí va a ser el bueno… tenemos que cambiar las cosas desde ya, compañer@s. Y creo que lo mejor será empezar por la forma de buscar trabajo. El primer paso es difícil pero esencial: valorarse a uno mismo para que los demás te valoren. Como todo en la vida, vamos.

En mitad de la escalada a mi último sueño, me he dado cuenta, afortunadamente no demasiado tarde, de que lo llevaba enfocando mal mucho tiempo. Y he llegado a la conclusión de que deberían ser las empresas las que se dejasen la piel por encontrar gente con talento y energía. Y no al revés. Yo, personalmente, me he hartado en varias ocasiones a rogar que me dieran una oportunidad, a veces con éxito y otras no, aun sabiendo que serían ellas las que sacarían el mayor beneficio de mis ganas y mis habilidades si accedían. Y lo peor de todo, es que ellas también lo sabían… ¡Hasta ahora!

Así pues, he decidido redactar un “currículum invertido”, que no es otra cosa que la suma de requisitos que debe cumplir una compañía si quiere contar conmigo entre sus filas. Y si no existe ninguna que lo haga… ¡inventaré mi propio trabajo! :) Ahí va:

A/A Dpto. de RR.HH. de XXXXX & Co.

Lo primero de todo, agradecerle que se haya puesto en contacto conmigo para ofrecerme un puesto como redactor/copy/guionista en su prestigiosa empresa audiovisual. Por favor, lea detalladamente los requerimientos que indico a continuación, y hágame saber si los cumple. De ser así, estudiaré la posibilidad de concertar una entrevista con usted:

1. Dado que exige que tenga 10 años de experiencia en redacción de contenidos y guiones audiovisuales en otras empresas de marketing, publicidad, cine y TV; cuyo requisito poseo, entiendo que el salario irá acorde con las funciones a desempeñar. Ha debido de haber un error, porque no lo he visto reflejado en su oferta. Me ha parecido leer algo así como “según valía del candidato”, pero le recuerdo que lo que aquí está evaluándose es SU valía. La mía queda patente con lo anterior expuesto.

2. Si desea contar en su equipo con un redactor/copy/guionista tan original e implicado como la experiencia y formación de un servidor demuestran, por favor, asegúrese de que, una vez dentro, dicho trabajador no tenga que ocuparse de otras tareas fuera de sus competencias, pues le robarían un tiempo precioso para llevar a buen puerto y en plazo las labores por las que se le pagan. Véase facturación, gestión de programas tecnológicos, reuniones con proveedores, etc. Para eso existen contables, ingenieros informáticos y jefes de compras muy bien cualificados. Lo sé, sale más barato contratar a uno que a cuatro, pero esos profesionales también tienen la mala costumbre de comer, y yo la de dormir y estar con mis amigos y familia. Y le aseguro que si quiere las cosas bien hechas, NO debería diversificar el potencial de su personal. Cada uno vale para lo suyo, y sobrecargarle con otras funciones ajenas le resta calidad a lo que se le da bien. Si lo necesita, puedo pasarle algunos contactos.

3. Si pide que hable inglés, que lo hablo, asegúrese de que vaya a necesitarlo realmente para llevar a cabo mi trabajo. Aunque, por pedir que no quede, ¿verdad? Total, hay miles de chavales exiliados en el extranjero que estarían encantadas de volver, si les ofrecieran un contrato en prácticas a cambio de la tarjeta mensual de transporte. Siga así, en serio… Ah, y apúntese a un curso de inglés; puede que me lo agradezca algún día si le tocase a usted emigrar esta vez, como me tocó a mí en su momento. Conozco un hotelito en Edimburgo, en el que buscan constantemente gente para hacer camas y limpiar los baños… Y pagan bastante mejor que algunas compañías españolas que te piden carrera y máster para cubrir puestos de mi****. (Que también tengo ambas cosas, por cierto).

4. Por último, hablaremos de diversión. Y con esto no le pido que deje campar por la oficina a las mascotas, que ponga un futbolín en mitad del hall para que las visitas vean lo modernita que es su “startup”, o que tenga una sala con paredes de colores estridentes y puffs mullidos para desconectar cuando toque hacer un “break” o para las reuniones “afterwork”. Tenga en cuenta que, para tener a los empleados contentos y que rindan al máximo en sus puestos de trabajo, la mayoría de las veces tan sólo hace falta respetar los horarios de entrada y salida y los días de vacaciones. Dé por sentado que si es así, su gente será la primera en arrimar el hombro las horas que hagan falta en los picos de trabajo que puedan surgir en SU empresa. Porque se lo habrá ganado usted antes. Ah, y no sea cutre con las cestas de Navidad, hombre… que un salchichón más o menos no se notará naíta entre tanto chorizo. ;)

Le doy las gracias de nuevo por haber pensado en mí para ser su próximo fichaje-estrella. Espero poder darle una contestación lo más rápido posible. Si en unos días (o semanas) no ha recibido noticias mías, significará que otra candidata ha sido la elegida. En tal caso, no desespere, me guardo su propuesta para futuros procesos de selección… [dibujito de mono tapándose la boca].

Un cordial saludo, y que le traigan muchos currículums invertidos los Reyes Magos…