Barro en los zapatos nuevos

La conocí en mitad de mi miedo a avanzar. En la tercera esquina de una de esas páginas en blanco que el viento suele pegar en mi cara y no encuentro la forma de soltarle mi tinta y, ni mucho menos, mis lágrimas. Nada, solo blanco.

Su dulce voz y su risilla de cascabel me alentaban cada noche a empuñar el lápiz y garabatear frases sueltas, pero como no era capaz de inventarme los nexos necesarios, acababan convertidas en ceniza que se me atravesaba en los pulmones, asfixiando así mi magia. Otra vez. Era peor el remedio que la enfermedad. Y la alejaba. La alejaba para dejar que esa insípida y espesa anestesia me adormeciese, inoculándo la dosis justa de autodestrucción que mi alma deseaba al llegar el alba. Pero ella no cejaba en el empeño y, en cuanto bajaba la guardia, volvía a arremeter con sus carcajadas, su mirada y pelo de colores y el tintineo de sus alas de hada, haciéndome volver a intentarlo.

Hada meditando sobre una rama

Sus ganas insaciables de pisar las hojas secas a mi lado y de saltar en los charcos con sus zapatos nuevos, sin importarle en absoluto mancharlos de barro, me paralizaban aún más… ¿¡De dónde demonios sacaba las fuerzas aquel ser minúsculo y chisporroteante!? Yo, que alardeo de las luciérnagas que tengo encerradas en botes para soltarlas en los momentos más oscuros, no llegaba a comprender cómo podía haber tanta luz apelotonada en un cuerpo tan pequeño, por muy grandes y verdes que tuviese los ojos; por muy grandes y verdes que tuviese los sueños.

Entonces, un día cualquiera, abrí la tapa que la apresaba en mi frasco de cristal ya ahumado, me escondí tras la cortina y observé su silueta a trasluz: salió a regañadientes, lanzó una última mirada de incredulidad a los pies del niño asustado que asomaban por debajo de la tela, dibujó una media sonrisa en sus labios rojos y escapó a toda velocidad por la ventana, despeinándome a su paso.

Y justo en el preciso instante en que vi su estela de polvo de estrellas cayendo y desvaneciéndose lentamente sobre los tejados, empecé a escribir de nuevo.

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