Breaking Bad


No soy de correr riesgos. Nunca lo he sido. De hecho siempre me han dicho que yo no doy puntada sin hilo. Pero ahora que sólo tú me oyes, confesaré que últimamente me cuesta enhebrar la aguja…

Me tiembla el pulso al darme cuenta de que llevo toda la vida atragantándome con mi futuro antes de toparme con él. De que he vadeado cientos de ríos antes de saber siquiera si habría o no puente para cruzarlos. Antes de saber siquiera si me cubrirían por el cuello, la cintura o los tobillos. Antes de saber siquiera… si tendrían agua.

Ante cuántas sirenas me habré tapado los oídos al deslumbrarme con los primeros destellos de sus escamas plateadas, joder; sólo por no sentirme culpable si algún día su canto se convertía en un hilo de voz, demasiado débil para tejer mis sueños imposibles y zurcir mis ganas de seguir a su lado.

Debe de ser que me he hartado de anticipar las consecuencias de mis acciones, de prohibirme a mí mismo probar por probar, de prever lo que sentirás si hago (o peor aún, si dejo de hacer) eso que, conociéndome, te habré prometido en mitad de un remolino de sábanas con olor a nuevo.

Sí, definitivamente, me he cansado ya de arrepentirme de palabras que nunca dije, de errores que nunca cometí, de personas a las que no me permití amar, y de pegar tirones de mi propia correa cada vez que he querido morder sin ladrar primero…

De ser bueno.

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