De palabras y viento


Quien diga que las palabras se las lleva el viento, miente. No debería generalizar. Por lo menos con las de amor. Me refiero en primer lugar a ésas que se anclan al suelo y a la carne, y no hay huracán que se atreva siquiera a intentar moverlas del sitio donde cayeron. Sabéis de las que hablo, ¿verdad? Lo habéis adivinado: las palabras-yunque. La verdad es que varían de una persona a otra, y cada uno tenemos las nuestras. Por ejemplo, para mí, un buen ejemplo sería “Ya no te quiero”. O peor: “Nunca te he querido”.

Luego hay otras que pesan mucho menos que las anteriores, y que, efectivamente, vuelan. Pero son muy tramposas, y, cuando crees que ya las has perdido de vista, se te meten en los ojos al girar una esquina y oler un perfume, ver una foto o al escuchar una canción. ¡Malditas palabras-de-arena! Son ésas que suenan a “Sí, quiero”.

Además existe otra variedad. Quizás la más traicionera de todas. Y es ésa que, por más que llenas tus pulmones al máximo, tu soplido no está lo suficientemente convencido de querer hacerla desaparecer para siempre. Hablo de ésas palabrotas que tú mismo dijiste, que lanzaste casi sin apuntar con tu arco de cuerdas vocales, y que ahora te persiguen vayas donde vayas. Las llamaremos las palabras-sombra, si os parece bien. Así, a bote pronto, se me ocurre “Ojalá no te quisiera tanto”.

Y, por último, las palabras que están hechas de aire. Quizás las únicas que de verdad se lleva el viento. Las que, una vez que se van, no vuelven. Porque éstas, sí que sí, son mentira. Me refiero a las palabras-promesa. En esta ocasión sí que son las mismas para todas y cada una de las bocas abiertas de este planeta: “Te voy a querer siempre” o “Nunca querré a nadie como te quiero a ti”. Y menos mal que se las lleva. Porque si no…

Perdón, perdón, casi se me olvidan ésas que nunca dijimos o que sólo tuvimos el valor de susurrarle a nuestra almohada o a una hoja en blanco… Sí, las que si consiguen alguna vez salir de nuestros labios, se convierten en palabras-te-quiero-sin-venir-a-cuento.

Pero, ¿sabéis qué os digo? Que nunca es tarde para decir “te quiero”. Porque en realidad estas dos palabras, no son palabras. Son flores. Son viento.

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2 pensamientos en “De palabras y viento

  1. Donde dije digo, digo Diego, y a rey muerto rey puesto.
    Hablar es gratis, o mucha gente lo entiende así.
    Muy bueno el vídeo, si Platón levantara la cabeza…

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