Tocada y hundida


La primera vez que me dirigió la palabra fue para decirme que había soñado conmigo. En ese preciso instante supe que ella sería mi próxima perdición, y, muy a mi pesar, yo también sería la suya. Un escalofrío me recorrió de punta a punta…

No era en absoluto mi prototipo de mujer, y eso la hacía todavía más atractiva para mi maldito subconsciente: demasiado descarada, joven, provocadora y provocativa al mismo tiempo. Era felina, indomable, caprichosa, escandalosa y malhablada. Seductora a conciencia. Sabía perfectamente tocarme cuando no lo esperaba, y evitar el contacto cuando más lo deseaba mi piel.

Mirada asesina, con largas pestañas que resucitaban con su batir estudiado. Lengua con aguijón, pero dulce saliva que aliviaba las heridas. Era una mente maravillosa al final de una carretera repleta de curvas tatuadas, peligrosas.

Hechicera de uñas afiladas. Muñeca de porcelana. Un ciclón de espontaneidad y frescura, como solía definirse a ella misma con voz de niña buena, tras una malévola risa sin fondo. Unas carcajadas a las que yo me dejaba caer a menudo con los ojos cerrados; como en la búsqueda de un tesoro prohibido, en la que sólo un loco temerario osaría embarcarse.

Me iba a destrozar, pedazo a pedazo… Estaba seguro. Pero eso no me daba miedo. Siempre he sabido recomponer mi puzle cosido a balazos. Lo que en realidad me llenaba de pavor, era estar dándome cuenta de que iba a hundir otro galeón pirata, único y de labios carnosos; del cual, hace años, ya se redujo a cenizas el astillero del que zarpó.

Cuando la besé por primera vez… ella me mordió. Y, como se veía venir, yo volví a besarla… una y otra vez, hasta que sus colmillos se desgastaron por completo. Al poco tiempo sucedió lo que me temía: justo en el momento en que aquella majestuosa pantera negra inclinó su cabeza hacia mis pies, regalándome una dócil mirada de gatito amaestrado… dejé de amarla.

Tocada y hundida

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2 pensamientos en “Tocada y hundida

  1. Muy acertada descripción de la versión masculina de la “follaora-nominaora”, para que no se diga que es una cuestión de género ;-).

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