Yes you can


De un tiempo a esta parte, pese a que no me considero a mí mismo poseedor de un cerebro privilegiado, sino más bien de uno normalito, no puedo evitar sentirme uno de esos cerebros fugados de los que hablan en los telediarios nacionales.

Todo empieza con un pequeño desazón que un buen día entra por el dedo gordo de tu pie izquierdo, y va subiendo y subiendo, creciendo y creciendo, hasta colgarse como un mono histérico de esa neurona dormida, a la que casi nadie hace caso: la del inconformismo.

yes you can Así que, como un españolito más, de esos que están hartos del vapuleado país en el que viven, sin darle demasiadas vueltas (pues el exceso de vueltas suele ser el lastre más grande que tenemos para no salirnos nunca de la linde establecida), desempolvé el mapamundi en el cual todavía Rusia era una gran mancha amarilla y me lancé al vacío. Por supuesto, barajé destinos insólitos, paradisíacos, de película… para luego cerrar el círculo de acción a dos horas y media de avión; para estar a tiro de piedra de los guisos de mamá y por el idioma que últimamente es requisito indispensable para trabajar por el sueldo mínimo, aunque jamás vayas a usarlo: el inglés.

Como la mayoría de vosotros  sabéis, todo empezó en Dublín, hace casi un año. Luego salté a Edimburgo, el cual estoy a punto de abandonar hasta nueva orden… ¡La virgen, cómo pasa el tiempo! Allí me di cuenta de que aquel “My teacher is rich” (Mi profesor es rico) y “The window is blue” (La ventana es azul) que la Seño nacida en Algeciras nos enseñó en el cole hace un siglo por lo menos, con su exquisito acento anglosajón por los cataplines, no te sirve para nada… Sí, partes de cero pelotero.

Eeeiiinnnn?? Persiguiendo El Dorado, empiezas a repartir currículums por todos lados, como loco. Primero en el sector de la carrera que estudiaste, luego en el que trabajaste y, finalmente, de lo único para lo que se te requiere aquí, en el mejor de los casos: friegaplatos. ¡Pero ni por ésas! Para eso de “trabajar de lo que sea” llegas tarde. Hoy en día, tres cuartas partes del planeta está en tu misma situación y ha tenido exactamente la misma idea que tú; así que, ante tal marabunta de almas descarriadas, criban por el idioma de mala manera, y te echan de los sitios con cara de “¿Ánde vas con ese espaninglis, alma de cántaro…? Vete, y no vuelvas.) Ahí es cuando te das cuenta de que es cierto que no entiendes de la misa la media, y tomas la determinación de apuntarte a una academia de ésas que cuestan un ojo de la cara, en la que compartes clase con otros diez compatriotas y algún que otro chino mandarín. Y para más inri, una chica rubia de ojazos azules, el doble de grandes de cómo los tiene la raza humana, es la que trata de enseñarte su lengua nativa… ¡Vamos, que no hay forma de prestar atención! Una catástrofe, en resumen.

Después de unos meses sumergido en incomprensión y cerveza (mucha cerveza), comienzas a notar que ya no respondes “yes” a todo por inercia y que por fin cazas bastantes cosas de ese idioma que cada uno pronuncia como le da la real gana… Es en ese preciso instante cundo te planteas que ha llegado el momento de darle una segunda oportunidad a la búsqueda de empleo; y, tras muchos intentos y caras de tonto, consigues por fin un puesto en un hotel de mala muerte, haciendo camas y pasando la escobilla a los retretes ajenos. (Nota: Por favor, limpiad los vasos vosotros mismos cuando lleguéis a cualquier hotel por muy limpios que parezcan. Hacedme caso, insensatos…)

Fuga de cerebros De verdad, que al próximo que me diga que la forma de aprender inglés es trabajar a un país angloparlante en el que todo funciona al revés, no sólo los coches, me lo cargo. ¡Uy, sí! No sé si aprendo más cuando le digo a la polaca que limpia conmigo y que no me entiende un pimiento: “¡Joder, qué guarra es la gente!” o “¡Joder, cómo me duele la espalda!” jajaaaa!!

Pero, ¿sabéis qué? De todo se aprende algo en esta vida… En definitiva, todo suma.

Y no. No me arrepiento en absoluto de las cosas que he tenido que padecer para llegar donde estoy… Pues he disfrutado de muchísimas más. De hecho, tengo la balanza totalmente descompensada hacia el lado bueno de las cosas.

Y lo vuelvo a decir: lo importante son las personas que te vas encontrando por el Camino. Sí, y yo me he rodeado de gente excepcional, hablase el idioma que hablase. Supervivientes, soñadores, valientes, trotamundos, luchadores, incondicionales, verdaderos amigos… con los que compartir el lenguaje más importante. El universal. El que sólo se aprende después del mejor o del peor de los trabajos del universo. Por el que más merece la pena vivir, y del que no hay una escuela oficial: la risa.

beer

Anuncios

5 pensamientos en “Yes you can

  1. muy ameno y sincero tu comentario, alegrate que ya esos trabajos te cuentan para la jubilación, ja,ja, Se te echaba de menos amigo, suerte y quizá en algun calcetin de algun pequeño cuarto de un hotel te encuentres un tesoro y colorin……

    • No sabes tú bien, amigo, la alegría que suponía para mí encontrar uno de esos tesoros inesperados, por muy pequeños que fueran. Mi corazón se aceleraba cuando aparecía una moneda rodando al levantar un cojín o un bote de judías pintas con tomate de las que hay por aquí, olvidada en la nevera… jaja! Últimamente, he sacado de mi “cueva del tesoro” los grandes trofeos que tanto ocupaban, para dejar hueco a los minúsculos pero brillantes. Más que nada, porque caben más y pesan menos. ;) Un abrazo fuerte!!

  2. Esto suena a balance, espero que no sea recapitulación…..

    Sigue adelante con tu camino. Dicen que la época de los grandes explradores ya pasó, porque ya no quedan lugares por descubrir. Lugares tal vez no, en este planeta claro, pero personajes….el número y las combinaciones son casi infinitas!!!! Así que te animo ha seguir acumulando especímenes para tu bestiario.

    Una sugerencia, por lo del inglés, el próximo destino procura que sea uno donde no habite una comunidad importante de españoles ;-). Aunque te confieso que mis conocimientos sobre la geografía humana nacional los he adquirido mayormente en el extranjero….ahh, y los gastronómicos!!! las mejores paellas, fabadas, croquetas y la inevitable tortilla de patatas las he comido por ahí en reuniones con mis compatriotas.

    En definitiva, balance siempre positivo ;-)

    Un abrazo

    • Sí, sí, Andrés… Ya hace tiempo que descubrí que los lugares dejan de tener sentido, encanto, e incluso belleza, cuando no hay gente alrededor con quien disfrutarlos.De hecho, esos sitios paradisíacos pero desiertos, suelen pasar sin pena ni gloria por mi memoria… Y te lo dice alguien que se lleva muy bien consigo mismo, y no le importa tampoco pasar grandes “trozos” de tiempo solo. Y no, no puedo evitar juntarme con los míos, pese a que ralentice mi aprendizaje lingüístico… Más que nada porque, como ya sabes… es una mera excusa para hacer lo que estoy haciendo. ;)
      Por supuesto que esto no ha hecho más que empezar… ya he sido picado por el bicho viajero, como dicen por aquí. (bitten by the travel bug).
      Balance siempre positivo. ¡Amén!

  3. Aunque tarde el comentario, me gusta la realidad con la que describes tu experiencia.
    Te seguiré allí dónde vayas, ánimo eres genial.
    Bessss

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s