¡Click!


De un tiempo a esta parte, la palabra “valiente” revolotea alrededor de mis orejas sin llegar a posarse en ninguno de sus lóbulos. No lo hace, más que nada, porque siempre he sido consciente de que la valentía no es una de mis virtudes… De hecho, cuando la asocian a mi nombre, me tiemblan las piernas por un buen rato.

Nadie entiende que un león sin valor, pueda ser capaz de dar ni un solo paso en un camino de baldosas amarillas sin saber a ciencia cierta a dónde le llevará. Y no les culpo. Pero, se equivocan…

Camino de baldosas amarillas

No depende de tener agallas el navegar hacia sueños a la deriva; sino de anclas. Y yo, para bien o para mal, no las tengo. Ni unas, ni otras.

Ojo, no hay que confundir anclas con raíces… Pues de ésas sí que tengo, y siempre las tendré. Quizás ahí esté el secreto: que, en lugar de atarme a la tierra, esas raíces me dan alas. Alas para que un día, el menos pensado, pueda volver. Con las alforjas llenas de tesoros o con las manos vacías… pero vuelve, me susurran.

Así que, no se trata de valentía. Que quede claro. Pues, como dicen las malas lenguas: yo no doy puntada sin hilo. Es una simple cuestión de “clicks”… ¡Eso es! Hablo de ese tipo de chasquidos que resuenan cuando las piezas dentadas de un engranaje encajan de pronto, haciendo rugir la máquina al fin. A menudo se quedan en un golpecito seco, apenas audible, a no ser que pegues bien el oído al metal helado de la caja fuerte (normalmente de otro), mientras giras con suma delicadeza la rueda hasta dar con la combinación ganadora. Dos vueltas a la derecha: click. Cinco a la izquierda: click. Una más a la derecha… ¡click! Puerta abierta. Ahora sólo tú decides si miras dentro o si, por el contrario, la vuelves a cerrar sin atreverte siquiera a echar un vistazo en su interior; no vaya a ser que lo que descubras dentro no sea lo que esperabas. Que pasa con frecuencia, por cierto. Emocionante, ¿verdad?

Click

Lo que sucede es que esos clicks, en muchas ocasiones, son casi imperceptibles; otras les cuesta lo que nos parecen siglos dar la cara; y, cuando lo hacen… ya nos parece demasiado tarde y no queremos ni oír hablar de ellos. ¡Ahora no!

Os diré un truco que a este cobarde le funciona en esos casos en los que se siente demasiado sordo como para percibir las señales que le pone la vida por delante, ya sea para batirse en duelo… o en retirada: haced trampas.

Sí, con la excusa de aguzar los tímpanos… dad pequeños pasos hacia esos lugares que cada uno hemos sabido siempre que nos encantaría llegar… Porque, la mayoría de las veces, el único click que necesitamos para seguir avanzando, es el crujir de una rama bajo nuestros pies al Caminar.

Ssshhh… ¿Habéis oído eso?

¡Click!

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s