Descontando latidos


Cuando tropezó con aquella reluciente lámpara semienterrada en la arena de playa le invadió el pánico. Como todo niño de treinta y seis años que se precie, sabía a la perfección cómo funcionaban esas cosas: una lámpara, un genio, un deseo. Tres, si el preso era generoso…

Al muchacho nunca le había preocupado el número de deseos a conceder, pues, cada vez que había soñado despierto con encontrar tal legendario artilugio, la misma idea-trampa le venía a la mente: “Quierooo… poder pedir mil deseos más”. Siempre que se lo imaginaba se moría de la risa pensando en la cara de poker del genio de turno ante tal argucia.

Siempre había tenido claro que ésa era la petición más inteligente que se le podía hacer a un concededor de deseos, en caso de tener la suerte de cruzarse con él. No entendía por qué no se le había ocurrido a nadie antes… ¿Por qué conformarse con uno, o tres en el mejor de los casos, pudiendo exigir infinitos sueños?

Dalí Mariposas

Sin prisa, dio un par de vueltas alrededor de la lámpara sobre sus pies descalzos, sin apartar la mirada de los reflejos que aquel portagenios desprendía, aunque hiriesen sus pupilas. La marea estaba subiendo y las olas estaban a punto de rozar el metal. Tenía que actuar pronto o podía perder su única oportunidad; ya que, como por todos es sabido… los genios odian el agua. (¿O eran los gatos…?)

Inclinándose a cámara lenta agarró el asa dorada que sobresalía de la montañita que la medio sepultaba. Luego tiró hasta sacar el mágico objeto a la superficie. Lo observó por largo rato entre sus temblorosas manos. Era precioso. Y estaba caliente…

–¿Y ahora qué? ¿La froto y ya está…? –se dijo a sí mismo, mientras sacudía con pequeños golpes los cristalitos adheridos.

–No pierdas el tiempo -respondió una dulce voz a su espalda, haciéndole dar un respingo.

>>Esta lámpara está deshabitada desde que yo formulase mi deseo hace un rato…

El falso Aladino volvió la vista tratando de contener el bombeo asesino de la vena de su frente… Y entonces la vio.

Era una joven menuda en bañador, de pelo alborotando y rostro bronceado, que le miraba con una ceja más alta que otra. La rabia de él se transformó en sorpresa al instante…

-Y…  ¿se puede saber en qué has malgastado mi deseo? ¡Espero que haya merecido la pena! -indagó él, simulando un enfado que ya no sentía; a la vez que inclinaba la lámpara hacia delante, haciendo fluir entre los dedos de su mano libre la arena que la lámpara contenía.

-Poder pedir mil deseos más… -respondió ella, bajando las pestañas hasta el agua que ya acariciaba aquellos cuatro pies. Una leve sonrisa se dibujó en su cara de niña. Él la vio.

Aquella respuesta tan familiar le dejó boquiabierto.

-¿Y…? ¿Ha colado?… –exclamó él, tras soltar una sonora risotada. Luego se paró en seco, clavando sus ojos desorbitados en el azul de los de de la chica, que ahora jugueteaba con un descarriado mechón de su pelo castaño.

-No lo sé aún… –comenzó a decir–. Me dijo que él sólo estaba autorizado a conceder los estipulados en los estatutos del gremio de genios: toneladas de oro y joyas, alfombras voladoras y algún que otro aumento de pene o senos… Pues eran los deseos más solicitados y que tenía actualmente en stock.

Al escuchar esas inesperadas palabras… el estupefacto muchacho no pudo evitar que la lámpara se le resbalara de la mano, cayendo al agua con un fuerte ploff que salpicó las piernas desnudas de ambos, haciéndoles retroceder de un salto.

>> Es broma, tonto. –le tranquilizó ella con mirada pícara–. Es cierto que me dijo que no podía concederme los sueños que yo realmente necesitaba hacer realidad… Pero que si esperaba un poco aquí… aparecería otro que sí lo haría. Encantada… me llamo Gala. –concluyó satisfecha.

–En… can… tado. Soy… Eu… genio. –acertó a decir él.

Transcurridos unos largos segundos, Eugenio tomó una gran bocanada de aire salado. A continuación, llevando a cabo una exagerada reverencia que casi le hace perder el equilibrio, y poniendo una voz grave y sobreactuada, exclamó:

>> ¡Deseooo concedido!

Ambos estallaron en carcajadas, mientras daban un paso mojado el uno hacia el otro.

Y aquel paso fue el primero de otros mil más. Pero ésa es otra historia…

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10 pensamientos en “Descontando latidos

  1. Los deseos no se piden….se logran ;-). Muy gracioso el genio, con su catálogo de deseos más “deseados”, todo material o carnal, a fin de cuentas nada que no se pueda conseguir con un cargo político o con un bisturí y un buen relleno (taxidermia in vivo). Pero hay cosas que no se pueden conseguir por mucha riqueza que te otorgue el genio, no se pueden comprar, por ejemplo la genialidad, la creatividad, la generosidad, el valor para pasar de la realidad a la “surrealidad” ;-)….hay mucha sabiduría subyacente en tu relato….
    Me has traído a la mente esa luz de mi Mediterráneo con olor a mar, reconozco que lo echo de menos, no es tan inmenso ni bravo como otros océanos donde ahora me hallo ni tiene mareas, pero es único e irrepetible. algún día me tengo que plantear volver por allí aunque sea para descansar tras un largo viaje :-).

    • Sí, a mí me ha costado darme cuenta… pero de un tiempo a esta parte he descubierto que dejar los sueños a la suerte, a la lotería, al destino, a los demás o al tiempo al tiempo… no hace otra cosa que descontar preciosos segundos de mi reloj. Y que la única forma de aumentar la probabilidad de éxito en tu búsqueda, es dejar de esperar a que sucedan las cosas por sí solas. ;)

      • Por suspuesto, ya hablamos en otra ocasión de la suerte, la buena, si no te encuentra ella a ti créatela tú mismo!!!, creo que incluso te expliqué la historia de aquel viejo marinero que no tenía línea de la suerte en su mano y se la dibujó él mimso con un anavaja de afeitar ;-)….

  2. Creo que lo que se logran (y no siempre) son los objetivos, los deseos son más inalcanzables…
    Muy bonito y como siempre, ¡sorprendente!.

    • ¿Deseos? ¿Objetivos? ¿Sueños? Se llamen como se llamen, todos ellos son imprescindibles para ponernos en movimiento; que es lo más difícil… Además, no hay que olvidar que, en la mayoría de las ocasiones, en el Camino de búsqueda de ese “algo a veces inalcanzable” del que hablas, se encuentra la verdadera felicidad. ;)

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