Queda mucho para Julio…


A menudo, sorprendo a Julio mirando por la ventana de nuestro cuarto. Cuando lo hace, rara vez pestañea. Se queda sumergido por largo rato en su reflejo, difuminado sobre un fondo de oscuridad por la noche, y de polvorientas láminas de persiana por el día. Pero da igual… La verdad es que tampoco hay buenas vistas desde la habitación 367: sólo el corredor del edificio de enfrente; por donde circulan a todas horas ajetreadas enfermeras, personas con medio culo al aire que sacan a pasear al gotero, y familiares de estas últimas, que se marchan después de haberles hecho la visita de rigor. Mejor mirar para adentro.

Cuando le ingresaron hará unos días, apenas respiraba el pobre hombre. Quizás tengan algo que ver sus más de 90 años, me dije, mientras lo tumbaban en la cama de al lado, a brazo y medio de la mía. Pero, por lo visto, no era su momento… A golpe de bombona de oxígeno, cócteles de antibióticos y bolsas de suero, lo resucitaron ante la preocupada mirada de sus hijos.

Julio no parece extrañado de estar aquí preso, con un compañero al que dobla en edad y la pierna escayolada. Sus ojos no transmiten temor alguno, a diferencia de los de sus nietos. De hecho, se ríe por cualquier pequeña tontería, y bromea sobre lo poco que le queda en este mundo; provocando el enfado lógico de su familia. Pero a él no le importa. En las últimas cuatro décadas ha asumido que lo único justo de esta vida es que tocamos a una muerte por persona… y que él ya está de los primeros en la fila para recoger la que le corresponde. Es lo que hay, reflejan sin miramientos sus pupilas gastadas. Para más inri, y asombro de algunos de los que se pasan por aquí a ver cómo evoluciona el enfermo, él se despide como el que está en el aeropuerto a punto de embarcar en un vuelo sólo de ida. Sólo por si acaso…, suelta tan feliz, en tono tranquilizador.

En alguna ocasión he tratado de entablar una conversación con él, pero en todas ellas ha sido imposible… ¡No oye prácticamente nada! Así que, cuando ve que no hay manera de comunicarnos, cambia de tema y me pregunta por los resultados de su amada lotería. ¿Qué pasa, Señor Julio? ¿Que quiere ser el más rico del cementerio?, le respondo yo, siempre entre risas. Pero ni por ésas. Tras varios intentos, termina devolviéndome una gran sonrisa desdentada, como si hubiese entendido la gracia, y desvía con disimulo su mirada de nuevo al ventanal. Por supuesto, a sus seres queridos les pasa exactamente lo mismo que a mí cuando quieren contarle algo… Con la única diferencia de que ellos  tienen la gran suerte de poder acompañar sus palabras desoídas con una caricia, un delicado apretón en el antebrazo libre de cables o atusando su indomable pelo gris. Y, con eso, a él le basta: esa dulzura es la única información importante que necesita recibir de ellos. (Aparte del número premiado de Los Ciegos, por supuesto. ¡jaja! ¡Qué grande es!)

Anoche, tuvo una de esas crisis en las que los médicos no hacen más que entrar y salir de la habitación armados con aerosoles, jeringuillas y enfermeros imberbes en la retaguardia; meneando la cabeza como única respuesta a las preguntas impacientes de los exiliados en el pasillo hasta nueva orden… Julio abría mucho los ojos tratando de encontrar caras conocidas entre aquel frenético baile de batas blancas y verdes, pero sólo encontró la mía: aterrorizada. No sabía qué hacer para ayudarle… Tendí la mano para que la agarrara, pero me quedé a medio brazo de distancia de la suya. Con una mirada serena y agradecida, que contrastaba con su agitada respiración, me consoló. Luego, alguien cerró la cortina que nos separaba de un rápido tirón…

Con el alma en vilo esperé y esperé, hasta que por fin pasó la tormenta. Cuando pude verle de nuevo, el afable anciano descansaba tranquilo sobre su cama, observando cómo el cristal le devolvía ahora un rostro un poco más viejo y cansado que la última vez que miró a través de él. ¡Lo había conseguido! Ufff… Suspiré aliviado.

Un par de horas después, justo antes de apagar las luces del cuarto, Julio se retiró la mascarilla de oxígeno de la cara, dejándole unas marcas rojas en la finísima piel de sus mejillas. Me llamó con voz áspera y me susurró algo que nunca, nunca olvidaré: ¿Sabes por qué no tenía miedo de irme al otro barrio hace un rato, amigo mío? (Dijo lo de “al otro barrio” con una sonrisilla divertida en los labios) Porque he vivido siempre… como si fuese a morir mañana. Así que… aplícate el cuento y, sea lo que sea que tengas pendiente, no lo dejes ni un día más.

Abrí la boca para rebatirle… Pero me detuvo con un rápido gesto de su mano buena; imagino que porque total… no me iba a oír. Y prosiguió: Y, por si acaso no nos viéramos más… por aquí… Que sepas que juegas 10 euros a mi número de la lotería de Navidad. Pregunta a mi hijo mediano… El calvo.

Y diciendo esto, tiró del cordel de la lámpara y se quedó dormido como un bebé, sin inmutarse por la carcajada que me arrancaron sus últimas e inesperadas palabras.

Este mediodía, mientras a mí me daban el alta, una oleada de ganas de todo me ha recorrido de arriba abajo, al ver cómo Julio se quedaba allí disfrutando de su familia, de la sosa comida de hospital y del sol que entraba por la ventana… Viviendo, el día de hoy, como si no hubiese un mañana.

Abuelo Julio

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8 pensamientos en “Queda mucho para Julio…

  1. Me sorprende tu original forma de relatar una situación triste, consiguiendo sacarme, una lagrimita sin dejar hacerme reír, (será para no perder un día, por no reír).
    Me gusta tu gran optimismo y las ganas de compartirlo.
    Un beso

    • Hace poco escuché que hay una línea muy delgada entre la risa y el llanto… (Nunca he compartido la misma línea entre el Amor y el Odio. Simplemente, no me lo creo.) Imagino que es porque ambas cosas mueven la emoción que da sentido a la otra. Riamos y lloremos a la vez, pues seguro que así acertamos! ;)

  2. Bonita foto, que dice tanto como tu relato…el otro día pensaba en ello cuando volví a ver junto a mi lugar de trabajo a un anciano paseando a su nieto, o nieta, en un carrito. Los suelo ver a menudo, y transmiten una sensación de paz indescriptible, y de ternura. Es la vida amigo, es la vida, en su pura esencia…..es la esperanza del comienzo unida a la inocencia y al anhelo por descubrir lo nuevo (la mirada de la niña de tu foto) junto con la satisfacción de emprender el último viaje sabiendo que hemos transcendido, que ha valido la pena, que otros que vienen detrás también se lo merecen. Entre ambos extremos, pues existe mucho egocentrismo, egoísmo, y todas esas cosas que empiezan por ego…que suelen pensar aquellos que se creen eternos y únicos en el sentido de “mejor que…”.
    Tu experiencia te ha hecho ser consicente de tu temporalidad como ser humano, y está bien que la compartas para que aquellos que todavía no lo son no lo olviden. A la gente en general no el gusta hablar de la muerte, como si ello fuera a evitarlo ;-), es la táctica del avestruz????

    Te acuerdas de mi novia, ya te he hablado otras veces de ella. Viví algo similar a lo que tu relatas pero en otro contexto, yo era más joven (que tú ahora me refiero), esa edad donde uno es intrépido y casi temerario, verano del 88, Ronda, un sol abrasador, en un patio de armas junto a otros buscadores de aventuras todavía no “huidores” de nada, a esa edad todavía no se tienen motivos por los que huir, en todo caso se están buscando ;-)….Pues allí nos presentaron a una dama de la cual nos teníamos que hacer novios, para mi entonces todo eso no era más que retórica romántica. Con el tiempo cada vez soy más consciente de que sí, de que es mi novia, de que no es celosa pero sí muy posesiva, y cuando las cosas se ponen complicadas la miro de reojillo y me dice “recuerda que todavía no te he llamado, intenta disfurtar de tu libertad, de tu salud, de todo lo que tienes….porque el día que te requiera a mi lado no te soltaré”. Ya lo hemos hablado amigo mío, las mujeres son así ;-), y tú deseando engancharte a una de por “vida” :-D…

    Una foto de mi novia, mi más leal compañera….

    http://www.google.es/url?sa=i&rct=j&q=&esrc=s&source=images&cd=&cad=rja&uact=8&ved=0CAcQjRw&url=http%3A%2F%2Fjudithtiral.com%2Fcementerio-de-pueblo-nuevo%2F&ei=ysQTVaKxG8eAUfWUgPAP&bvm=bv.89217033,d.d24&psig=AFQjCNFuhrDo8D6YvYx5TDtO_HINLTyQdA&ust=1427445313476493

  3. Como siempre,
    me ha parecido genial, triste si, pero solo a ratos , llegar a anciano, es costoso me imagino que tiene premio, ” hijos, nietos” etc
    Como siempre que te leo me haces reflexionar, y pienso que a lo mejor el premio no es suficiente, pues las contraindications son muy fuertes creo ” naturalmente a esos años” que es mas la pena o el dolor para los familiares cercanos que para el anciano, me pregunto muchas veces si vivir tanto no cansa ????
    Ja..ja..ja..vaya chapa !!
    Casi mejor que no te llegue.
    Ahhh bienvenido bsoss

    • Sí, amiga… Yo también me pregunto a menudo qué sentido tiene esto. Dar todo de uno mismo para, al final, llegar a viejo y morir; con suerte, sin enterarte. ¡Qué cansancio! Pero… ¿sabes qué? Tengo la impresión de que en la balanza siempre, siempre, siempre, el último día está inclinada “por goleada” hacia el lado del “¡Claro que ha merecido la pena!”
      PD: Hay chapas y chapas… Y con las tuyas fabrican carrocerías los de Ferrari. ;) Gracias!

  4. cada vez que escribes te superas, de una cosa triste por la que tenemos que pasar dejas un poso alegre muy interesante, sencillamente genial, ¡ que maravilla !

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