El botón rojo de la máquina del tiempo


Siempre me había preguntado para qué demonios serviría ese gran botón rojo, protegido por una tapa de plástico duro, que destacaba sobre el resto de manecillas, contadores e indicadores luminosos que abarrotaban el panel de mandos de mi máquina del tiempo. No tenía ningún letrerito en ruso debajo, como todos los demás: destino temporal, aleatorio, favoritos, autodestrucción… entre otros. Pero hoy por la mañana, sin saber muy bien por qué lo hacía en ese precioso momento y no en cualquier otro de los últimos años, lo he pulsado sin demasiados miramientos.

Botón Rojo

No sé cómo funcionarán las vuestras, pero la mía no te transporta físicamente en la línea de tiempo, pudiendo cambiar a placer lo que hiciste en el pasado o desesperarte en un futuro en el que, muy a nuestro pesar, no hay coches que vuelan ni rayos láser, sino un planeta roto, desierto, olvidado, tuerto… Mi máquina te lleva a las coordenadas que hayas introducido en el calendario, y te deja ver lo que fuiste o lo que serás, pero sin tocar. Es como un déjà vu, del que de pronto despiertas, y ya. Nada más. Imagino que será una versión antigua y por eso es tan limitada en funciones. A ver si dentro de tres o cuatro décadas he juntado los puntos suficientes para beneficiarme del ¨plan renove¨ que me ofrece mi compañía: Tiempofónica. ¡Qué ganas!

Pues bien, tras apretar el misterioso botón y navegar a toda velocidad por el gusano espacio-temporal estándar, con sus típicos flashes y destellos cegadores… imaginaos mi sorpresa (incluso decepción) al descubrir que la fecha que ha aparecido en el visor era exactamente la misma de la que había partido: hoy. Y me he visto a mí mismo: con 35 años, envejeciendo sin pausa, sentado en mi anticuada máquina del tiempo intentando ver lo que ya pasó y lo que puede o no pasar -el futuro siempre es incierto, recordad-…

Túnel del tiempo

<<¡Pues vaya! ¡Menuda estupidez!>>, he pensado… Pero acto seguido me he dado cuenta de la gran importancia que tenía: ser consciente del día que era en realidad, de mi edad, del tiempo aproximado que me queda de vida; de que lo hecho, hecho está, y de que lo que no haga hoy puede que no lo haga nunca. Que solo tenemos una oportunidad para disfrutar de las cosas buenas, y que las malas solo hay que atravesarlas… pues al final, ambas quedan atrás por mucho que nos gusten o nos duelan. Que, nos pongamos como nos pongamos, no podemos detener el tic-tac insaciable del reloj. Sí, ese mismo que nos hará completamente felices el día menos pensado… y el que nos matará el menos oportuno.

Me he sentido tan afortunado de haber pulsado el botón rojo hoy, y no dentro de otros 35 años… que, en cuanto el gusano espacio-temporal me ha escupido de nuevo en el suelo de la habitación, he tirado decidido de la palanquita de autodestrucción de mi máquina del tiempo, iniciando una rápida cuenta atrás en la pantalla. Luego he desempolvado una maleta (prácticamente nueva), he metido en ella todo aquello que guardaba para una ocasión especial -que nunca era lo suficientemente buena…- y me he ido al aeropuerto con la clara intención de coger el primer vuelo que saliese hacia cualquier lugar del mundo, antes de que se haya extinguido: él o yo.

7, 6, 5, 4, 3, 2, 1…

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5 pensamientos en “El botón rojo de la máquina del tiempo

  1. Aeropuerto??????????? dónde vas que tienes tanta prisa en llegar? La mayoría de las veces lo más interesante del viaje es el trayecto y no el destino, de eso sabes tu mucho amigo ;-). No es que quiera arrimar el ascua a mi sardina, pero yo de ti me acercaría a algún puerto, si vives en Madrid tienes todos los puntos cardinales para escoger.
    Conocí hace un tiempo a un personaje, escritor como tú, que decía que a partir de los 40 años ya no vale la pena leer novelas porque todo lo que te cuenten como imaginario ya te lo sabes, que en cambio es mucho más interesante sumergirse en las reflexiones y vivencias de los otros. Pues bien, este individuo era un gran viajero, y realizaba la mayor parte de sus escritos entre destino y destino, y para poder hacerlo sin “distraerse” solía viajar en petrolero y así evitar a los “turistas”. Curioso, pensé entonces. Lo que tengo claro a día de hoy, y ya hace tiempo que pasé la barrera de los 40, es que nunca me lo habría cruzado en una terminal de aeropuerto, más que nada porque suelen estar atestadas de turistas, sino en una taberna portuaria que fue donde me lo encontré.

    Suerte y buen viaje!!! en el espacio…..y el tiempo….

    • Ay, amigo… Puede que yo sea extraño o que todavía no haya llegado a los 40, pero si de algo me he dado cuenta en mis últimos viajes, es que los destinos no existen sin las personas que te encuentras en cada uno de ellos… Con sus historias, sus costumbres, sus manías, sus acentos e idiomas. El camino es lo importante, cierto; pero para mí no hay camino tampoco sin nadie caminando a tu lado, que te describa ese mismo paisaje que tu ves, pero desde sus ojos. Con esto no quiero decir que no haya tramos que sea fundamental andarlos solo, pues creo que, como turistas que todos somos, también necesitamos de vez en cuando sentir la arena del desierto acariciando nuestras vivencias y pensamientos, para poder distinguir las pepitas de oro de las piedras del fondo.
      Y sobre lo de los vuelos… Además de permitirte huir a toda velocidad, no creo que haya nada que impresione más, que contemplar el mundo desde esos otros ojos: los de pájaro. ;)

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