El ladrón de dedicatorias


En este mundo existen personas que coleccionan objetos de lo más variopintos: cajas de cerillas, dedales, monedas antiguas, imanes de nevera, joyas e incluso coches. Pero él coleccionaba algo de mucho más valor. Coleccionaba dedicatorias escritas en libros…

Todo empezó cuando era aún muy pequeño; el día en el que sus padres le regalaron El Principito, a todo color y detalle. ¡Habían puesto incluso su nombre en la portada!: “Louis”. Lo paladeó sin prisa, escudriñando su curiosa tipografía y extraordinarios dibujos. Nada más leer la palabra FIN volvió a la primera hoja para devorarlo de nuevo, y fue esta segunda vez cuando encontró aquella dedicatoria escrita con tinta azul y una letra preciosa, que antes le había pasado desapercibida. Decía así:

“Porque sólo los ojos de un niño pueden llegar a ver la verdadera belleza de las cosas, sigue mirando por mí. Te Quiere. Mamá.”

Elefante dentro de una boa

Aunque no entendía muy bien lo que le quería decir su madre con aquella frase, fue ahí cuando Louis se dio cuenta de que cualquier libro regalado no vale nada si en la página en blanco del principio, justo la anterior a la que aparece el título y el autor, no hay plasmada una notita a mano dirigida al afortunado que lo recibe. Es sólo eso: un libro más, de los que hay miles iguales.

Al año de aquello, ella falleció de una larga enfermedad que la fue consumiendo poco a poco, aunque a Louis no le hubiesen contado nada… Aquel mismo día, se enfadó tanto que metió sus juguetes en una caja, incluido aquel libro con las palabras de su madre, y la tiró con rabia al contenedor de la calle. Luego lloró, y lloró… hasta quedarse profundamente dormido.

A la mañana siguiente, se despertó sobre la alfombra de su habitación. Le escocían los ojos, aún hinchados, y le dolían la espalda y el corazón. Cuando se acordó de lo que había hecho la noche anterior… le entró el pánico. Bajó a trompicones las escaleras y salió de la casa en busca de su caja de recuerdos. ¡Nada! El camión de la basura la había recogido como cada madrugada. Acababa de perder la única dedicatoria que le importaba en esta vida; y para siempre. Louis, volvió a llorar por última vez en mucho tiempo.

Desde aquel entonces las dedicatorias se convirtieron en su obsesión. Pasaba horas y horas rebuscando entre los cientos de libros que abarrotaban las estanterías de las tiendas de segunda mano y las bibliotecas públicas, en busca de tesoros escondidos tras sus portadas. Para las personas que le acompañaban en aquellas estancias con olor a moho e historias interminables, él sólo era un joven más, hojeando por aburrimiento esos viejos ejemplares apilados sin orden ni concierto, para, al final, no comprar ninguno. Pero se equivocaban de lleno. Sus expertos dedos se deslizaban como un abrecartas entre las primeras páginas dejándole comprobar si eran libros únicos o no… De la mayoría de sus expediciones volvía con las manos vacías, sin botín alguno. Otras, cuando había suerte y encontraba lo que más ansiaba, tratando de controlar su cara de emoción y echando antes una mirada por encima del hombro para asegurarse de que nadie estuviese mirando, las arrancaba de un indoloro tirón, ensayado más de mil veces. Después las doblaba y guardaba en el bolsillo de su camisa con suma destreza. Era impresionante entrar en su cuarto y ver la pared recubierta de infinitos trozos de papel con solera, de distintos tonos de amarillo, que siempre estaba estudiando con detenimiento.

old library

Un día me confesó que las que más le gustaban eran las que habían sido escritas por amantes extinguidos ya, en las que podía leerse entre líneas la pasión o euforia del principio; cómo las palabras iban siendo cada vez más simples y frías cuando la relación se estaba sumergiendo en la desidia; o las de súplica, arrepentimiento o incluso de amor fingido, cuando estaba claro que ya no había nada que hacer. Yo le pregunté que cómo podía saber todo eso sin conocer a los dueños de las notas, y él me respondió que qué iban a hacer si no allí abandonados esos libros tan importantes… <<¡Nadie se deshace de un libro que le ha dedicado alguien al que quiere, a no ser que ese alguien ya no forme parte de su vida!>> me exclamó, dando por concluida su explicación.

Un amanecer de invierno cualquiera se detuvo en un puesto de libros callejero con el que se topó de camino a la universidad. Hacía mucho frío, pero su intuición le dijo que merecía la pena pararse a echar un vistazo, pues era probable que aquel carro destartalado escondiese en sus entrañas un gran lingote de oro. Y no se equivocaba…

Como todos habréis adivinado, mezclado con el resto de libros, asomó una antigua edición de El Principito… Estaba lleno de polvo, sucio y con las esquinas dobladas, pero, no sin dificultad, podía leerse un nombre que os resultará familiar en la portada: Louis. A nuestro protagonista casi se le sale el corazón por la garganta en ese preciso instante… ¡Era imposible! Conteniendo la respiración y el caudaloso río que amenazaba con desbordarse de sus ojos, levantó la tapa en la que descansaba el dibujo de un niño rubio con gesto contrariado sobre la superficie de un planeta minúsculo…

¡Maldición! Algún ladrón despiadado debía de haber arrancado sin cuidado las palabras azules que hacía muchos años le había dedicado su madre, poco antes de alejarse de él; dejando un feo vacío triangular en aquella hoja en blanco, por el que ahora asomaba el apellido del famoso escritor. Ahora sí que sí, la presa que formaban sus pestañas, que tantos años había mantenido a raya sus emociones, se desplomó derramando mares de lágrimas y recuerdos sobre las páginas de un libro que un día fue único y ya no lo era.

Apretando al Principito contra el pecho salió corriendo sin rumbo, desoyendo los gritos e insultos que el librero ambulante le lanzaba desde lejos… El hielo le hizo resbalar en varias ocasiones, no consiguiendo derribarle en ninguna de ellas por fortuna. Cuando quiso darse cuenta se encontraba ante las grandes puertas de hierro forjado que daban acceso al cementerio. Ése al que no había tenido la valentía de regresar desde el entierro de su madre. Con la respiración agitada y las lágrimas cristalizadas abrasándole las mejillas, dejó que sus pies le indicaran el camino que una vez recorrieron en sentido contrario, y que no habían olvidado. Ya estando muy cerca de aquel amargo y descolorido número que odiaba, vislumbró entre la neblina a un hombre arrodillado justo delante. No le veía la cara, pero esa silueta desgarbada era inconfundible: la de su padre.

Cuando llegó a su altura, aquel señor de tez cansada giró la cabeza al escuchar el crujir de la escarcha bajo sus zapatos. A Louis se le antojó bastante más mayor de lo que en realidad era. El padre miró el rostro compungido de su hijo. Luego bajó hasta posarse sobre la obra maestra de Saint-Exupéry que éste abrazaba con fuerza. No pudo evitar que sus pupilas se empañasen por unos segundos, pero después hizo aparecer una sincera sonrisa en sus labios y en el verde gastado de su mirada. Con un tranquilo movimiento de cabeza invitó a Louis a que se agachase a su lado; quería enseñarle algo. Cuando el joven se dejó caer sobre sus rodillas y pudo ver lo que su padre le señalaba con un índice tembloroso. Lo que descubrió le dejó boquiabierto: justo bajo la foto de mamá, donde se dibujaba tan bella como la recordaba, había otro marco de cristal; y dentro, la esquina superior derecha de una página desgarrada en la que podía leerse una frase escrita con tinta azul y una letra preciosa… Por fin la entendió.

–La salvaste aquella noche… –susurró Louis, mientras levantaba la portada del libro y hacía encajar las dos partes de la hoja de debajo, separadas hacía tanto tiempo. Después agarró la mano de su padre con firmeza.

–Tú salvas a mamá cada vez que mira este mundo a través de tus ojos, hijo. No podía permitir que los cerrases. –respondió su padre con voz ronca, al mismo tiempo que le abrazaba como no lo había hecho nunca– Te quiero…

–Tú eres mi mejor Dedicatoria, papá… ¡La mejor!

Radiografía elefante dentro de una boa

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9 pensamientos en “El ladrón de dedicatorias

  1. Una vez más genial, siempre consigues que salte una lagrimilla de cariño en mis ojos.
    Siempre que abro un libro lo primero que busco es la dedicatoria, creo que lo convierte en un
    gran libro antes de haberlo leido.
    Gracias, un beso.

  2. Lo has bordado, me he visto reflejado en un pasado no muy lejano que me desprendi de MIS LIBROS” y de lo que con el paso del tiempo me he arrepentido. ! mecachis ! si pensaramos las cosas dos veces…………….

  3. Echábamos en falta una historia de estas, muy bien, enhorabuena!!! Para mi gusto el final es un poco ñoño, a ese “te quiero” casi le ha faltado un “muac, muac” pero como idea original es buena. Y para demostrarlo, y no hay mejor prueba que hechos reales que superen la ficción, te contaré que hace un par de años me ocurrió algo de alguna manera similar. Hubo un tiempo en el que tuve la costumbre de regalar libros con una dedicatoria adhoc a aquellas personas con las que hubiese tenido alguna experiencia especial. Me ocurrió con alguien con quien compartí un tiempo de colaboración en nuestras tareas, hará de eso casi 20 años. Cuando terminamos nuestra colaboración le regalé un libro y le escribí una dedicatoria. Pues bien, después de mucho tiempo, tanto que yo ya ni me acordaba de aquello, en un acto público donde me estaba presentando mencionó al auditorio la dedicatoria que le escribí entonces, y si te soy sincero no me reconocía en aquellas palabras. Eso sí, fui consciente de que lo que me provocó escribirlas había despertado en mi toda una serie de emociones de las que dejé constancia en esa dedicatoria.

    Como escuché decir a alguien no sé donde “lo que hacemos en esta vida tiene su eco en la eternidad”.

    Tal vez deberíamos coleccionar también las dedicatorias que vamos dejando por ahí ;-).

    • Sin duda, Andrés! Es muy curioso leer cosas que uno mismo escribió hace tiempo y recordar las motivaciones y emociones que nos movían entonces!
      Por cierto, un día nos tienes que contar quién eres y de dónde vienes… Yo te hacía un bravo pirata, y lo de la conferencia me ha descolocado! jeje!

      PD: este mundo está sediento de historias con final ñoño… Si no pueden ser felices del todo! ;)

      • no entiendo lo del descolocamiento….por qué un pirata no puede dar conferencias????? te estás haciendo adulto amigo ;-)

    • jajajajjaja eso de máster en piratería suena un poco mal, la informática no es lo mío ;-). No tienes que inscribirte en ningún sitio, es un proceso iniciático. Sólo requiere dos condiciones para comenzar tu travesía: 1) Amar tu libertad más que a ti mismo. 2) Romper todos los esquemas del mundo que te rodea. Volver a ese estado mental que los entendidos dicen que sólo se tiene en las etapas iniciales del desarrollo cerebral, bajo el efecto de algunas drogas, mientras se duerme/sueña y en algunos trastornos psiquiátricos…….fácil o difícil según se mire, sólo se trata de estar predispuesto y no dejar que te confundan….

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