¡Que me parta un rayo!


Que me parta un rayoEl día en que me cayó aquel rayo… lo entendí Todo. Me di cuenta de que los sentimientos en general son como un rayo que te cae sin previo aviso, y que, en décimas de segundo, debes elegir qué hacer con él. No es fácil, lo reconozco, pues no sabes cuándo ni dónde te puede alcanzar uno. Quizás la clave sea estar preparado, e identificar al instante cuándo te está intentando partir por la mitad; y no esperar para reaccionar a que te despiertes desorientado en el hospital, lleno de magulladuras y con los pelos chamuscados… Ahí ya es tarde, y habrás perdido la Oportunidad que te brindó Zeus al lanzártelo.

En este punto de la historia estaréis pensando que ahora entendéis por qué suelto a menudo estas cosas tan raras por mis dedos… Y tenéis razón: ¡me pegó de lleno! ¡jaja! No, en serio, seguid leyendo y comprenderéis el sentido de esta metáfora tan salvaje. Una vez más, os pido que confiéis en mí. ;)

En la mayoría de las ocasiones los sentimientos y estados de ánimo nos golpean sin que nos dé tiempo a verlos venir, friendo hasta el último de nuestros órganos y sueños; o, por el contario, si notamos que esos rayos están a punto de embestirnos… por instinto nos cobijamos bajo el típico árbol –precisamente lo que los meteorólogos de las películas desaconsejan hacer en mitad de una tormenta eléctrica, pues los atraerá más aún hacia nosotros– En definitiva: en ambos casos… acabamos a la plancha, vuelta y vuelta.

Rayo en el camino

Pero… ¿Y si les perdemos el miedo y dejamos que nos atraviesen de punta a punta hasta que desaparezcan o se disuelvan en nuestro interior? Sí, sí… ¿Nunca os ha dado corriente el grifo del fregadero? ¡Pues esto es lo mismo! Ya sea un relámpago repleto de ira, temor, impotencia, pena o amor… quitémonos los zapatos y conectemos nuestra “toma de tierra” al suelo. No huyamos. Dejemos a esas descargas de energía entrar y salir libremente, o quedarse para siempre con nosotros hasta que aprendamos a vivir con ellas. No las esquivemos, o volverán y volverán hasta hacernos explotar en mil pedazos. (Y ya os advierto que estos trocitos de alma son dificilísimos de despegar de los azulejos de la cocina… ¡Ni con espátula!)

Porque… ¿qué te aporta aislarte dentro del coche y no tocar la carrocería hasta que el ciclón haya pasado, si vas a seguir aterrorizado de por vida por los truenos? Absolutamente Nada. ¿Y de qué le sirve la Nada a alguien que lo quiere Todo…?

Recordad que sólo existe un mundo en el que las personas no atraen los rayos: el de los muertos.

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Un pensamiento en “¡Que me parta un rayo!

  1. Uno no….DOS, por si acaso el primero no te parte :-D. De acuerdo al 100%, la derrota no es una opción. Spartans!!!!! Prepare for glory!!!!! Auuhhhhh!!! Auuuuuuuhhhhhh!!!
    Además, qué es eso de tener que ser siempre encajador???? Conviértete tú mismo en Zeus, o en Thor para hacer más ruído……..

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