Vive hoy, lucha mañana.


Cuando la conocí, ni siquiera Ella sabía que estaba compuesta por minúsculas e infinitas partículas de Amor en estado puro. Yo lo descubrí al poco tiempo… coincidiendo con el momento exacto en el que le perdí el miedo a esa pasión desmesurada suya que me arrollaba cada día y cada noche puntualmente, a esas interminables piernas que me dejaban siempre por debajo, a esa capacidad de poder con todo y con todos sin valorar sus victorias, y a esos ojos marrones o verdes, dependiendo de su estado de ánimo –Nunca supe identificar cuál era el que los ponía de un color o del otro–.  Y, como habría hecho cualquiera con dos dedos corazón y otros dos de frente… dejé que me inundara por completo con aquellas preciosas gemas hasta entonces sepultadas bajo una piel decepcionada.

Desde el primer día se olvidó de mi nombre, mientras que yo solo podía pronunciar el suyo. Me llamaba “Amorcito” cuando estaba contenta, “¡Amor!” cuando la sacaba de quicio o le hacía perder el control, y “Amooor…”, cuando veía que me sumergía de nuevo en mi pantanoso mundo inventado, del que solo su mano era capaz de sacarme a flote.

"La Historia Interminable" (1984)

“La Historia Interminable” (1984)

Ella me regaló un Puzzle sin montar. Dijo que era nuestro proyecto personal y que, una a una, teníamos que ir encajando las piezas… Juntos. Al principio cumplimos a rajatabla nuestro trato: sin faltar uno, cada mes íbamos escribiendo detrás de cada pieza un objetivo común a alcanzar –demasiado íntimos para poner aquí, lo siento– y poco a poco fue saliendo a la luz aquel dibujo infantil en el que un Caballero, seguido por un Dragón al que había derrotado sin duda y que ahora era su amigo, iba a rescatar a una bella Princesa de la torre de un castillo encantado. “¡Anda, es realmente nuestra Historia!”, pensaba yo. “Tú saldrías pitando si vieses un Dragón…”, pensaba ella. “¿Pero quién rescata a quién…?”, pensaba cualquiera que conociese a los dos protagonistas.

Tomé la decisión de seguirla adonde fuera, sin mirar atrás. Y, así pues, me convertí en su fiel escudero… para su sorpresa. “Nunca nadie lo había hecho antes por mí”, dijo. “Nunca ese tal nadie, he sido yo”, callé. Iluminado por el brillo de su armadura, crucé ríos, montañas y océanos a su lado; descubriendo lugares que jamás había imaginado poder pisar. Yo cargaba su escudo y su espada, intentando mantenerlos siempre a punto: limpios y sin ninguna grieta. Pero no siempre lo conseguía… Deseaba tanto volver a casa para cantar sus hazañas, que en ocasiones hasta se me olvidaba disfrutar del viaje. Era tal mi entrega, que incluso a veces me interponía entre Ella y los mandobles que asestaban los enemigos que se cruzaban por su camino; cosa que a ella no le hacía demasiada gracia: “Esta no es tu lucha”, me decía. Pero yo nunca la escuché. Acababa dolorido por los golpes y el peso del acero sobre mis espaldas, pero verla sana y salva era lo único que me importaba.

Durante más de mil hogueras compartimos todas las caricias, recuerdos, ilusiones y risas que habíamos ido conteniendo dentro a lo largo de los años. Todos esos tesoros que nunca nadie había conseguido sacar de nosotros mismos hasta aquel momento. Sí, creo que eso era lo mejor: las risas. Pero, como dijo el cantautor: “Como todas las historias de amor, al menos las más bellas… la nuestra, por supuesto, también acabó en tragedia.”

Una noche cualquiera me di cuenta de que había dejado atrás mis sueños por perseguir los suyos, coincidiendo desgraciadamente con la noche cualquiera en la que ella sintió que necesitaba un destino común para poder seguir avanzando… Ya no la llenaba seguir vagando de un reino a otro sin rumbo; justo al contrario que a mí. Así que, nuestras miradas comenzaron a separarse: una apuntaba hacia sí misma intentando vislumbrar sus pasiones dormidas, hacia el hoy; y la otra oteaba el horizonte de su reloj, hacia el mañana. Más y más fuimos distanciándonos, hasta contemplar con espanto que habíamos empezado a andar a distintos ritmos y que nuestros pasos ya no coincidían como lo habían hecho hasta entonces. Lo intentamos todo: yo, cuando veía que se alejaba demasiado, trotaba tras ella tratando de seguir su carrera, pero al rato me despistaba contemplando los pájaros del suelo y las piedras del cielo… desistiendo al final de alcanzarla. Ella, se detenía en seco de vez en cuando para darme tiempo a llegar hasta donde me esperaba con el gesto torcido… Pero yo no nunca oía al tic-tac de sus agujas, y al rato se desesperaba y seguía su camino.

Y así pasaron los días… Ya casi ni hablábamos, ni amábamos, ni reíamos. Eso era lo peor: la falta de risas. Cuando coincidíamos por casualidad en alguna de las paradas obligadas, reinaba el silencio, el cansancio, la duda. Hasta que una mañana, también cualquiera, nos miramos a los ojos y no nos reconocimos. Lloramos, nos abrazamos y nos relatamos los anhelos que jamás habíamos tenido el valor de destapar; pero ya era tarde: su armadura ya no brillaba; y el escudo y la espada que yo le guardaba se habían oxidado, haciéndolos inútiles, invisibles para el otro.

A toda prisa, pusimos patas arriba nuestras alforjas buscando las piezas de aquel viejo Puzzle que nos habíamos prometido construir juntos día a día, del que nos habíamos olvidado por completo. Tras encontrarlas nos sentamos en el suelo y nos pusimos a unirlas, observando con preocupación cómo algunas esquinas estaban dobladas y que a duras penas encajaban unas con otras. Pero lo que más llamó nuestra atención fue que cuando ya no quedaban más piezas que enlazar… ¡descubrimos que faltaban cuatro!, dejando unos feos vacíos imposibles de esconder. Y, aunque parezca una locura… nos miramos como hacía mucho que no nos reflejábamos en los ojos del otro, y supimos al instante lo que teníamos que hacer, por primera y última vez juntos…

Nos despedimos con tres besos: uno amargo, uno dulce y uno eterno (por ese orden), y nos alejamos cada uno por un Camino distinto, con la promesa de que si algún día aparecían esas malditas cuatro piezas que nos faltaban… seríamos inseparables. Las lágrimas no dejaban de brotar de nuestros ojos –dos de los cuales resplandecían más marrones que nunca–, pero ninguno volvimos la mirada. Ambos sabíamos que ese adiós era lo único que podría salvarnos de morir abrasados por el aliento de aquel Dragón que nunca nos atrevimos a matar…

“Vive hoy, lucha mañana.”, susurró ella con la vista fija en el atardecer.

“50 piezas de 54… ¡No está nada mal! Seguro que el resto de los Caballeros y Princesas no llegan ni a juntar 25… ¡y se conforman!”, le reproché yo al viento, sin poder evitar sonreír al imaginarme el “Amooor…” que seguro habría salido de sus labios si me hubiese escuchado soltar aquella gran verdad.

Puzzle Incompleto

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13 pensamientos en “Vive hoy, lucha mañana.

  1. Espectacular, sensible, lleno de amor y ternura, me encanta, sigue transmitiéndonos tu sentir es maravilloso lo que hay dentro de ti, bssss

  2. Ohhhhh capitán mi capitán!!! ha llegado el momento de dejar de ser escudero o grumete para pasar a ser caballero o capitán. Lucha hoy para poder vivir mañana!!! El mundo necesita héroes como el de tu historia para que esos pequeños que nos reemplazarán tengan el día de mañana un mundo mucho mejor que el que nos ha tocado vivir a nosotros (recuerda como murió el autor de tu admirado Principito….).
    Sinceramente creo que si alguien con un corazón tan inmenso como el de ese personaje se lo entrega en exclusiva a una única princesa….es un acto de egoísmo y de lesa humanidad.
    Hay infinitos puzzles por construir, muchísimos mundos por descubrir, y la vida no es eterna. Los mejores puzzles…aquellos hechos tras mezclar las piezas de los distintos que has comenzado, aunque no los hayas concluido….te sorprenderías del resultado, sea el que sea, seguro que imprevisible y fascinante ;-).

    • Estoy casi de acuerdo en todo lo que dices, Andrés… Pero a veces, al “Constructor de Puzzles” le gustaría ver uno completamente terminado. La unión de retales suele formar tapices muy bellos, pero no demasiado resistentes para sobrevivir a ciertos tirones inesperados. ;)

      • Jajajajaja, yaaaaa, es cierto, así estoy lleno de costurones con tanto zurzido….la verdad es que esta vez lo has bordao maestro!!!!
        Me apunto el escudero a matador de dragones para mi lista (con tu permiso claro), de momento me sigo quedando con el pirata, pero nunca se sabe oye, hay que probar más cosas…..

  3. Qué bonito!! Y me encanta el puzzle! Cada día escribes mejor, compi, sobre todo porque transmites, que no es fácil! Imposible no sentirse identificado con algún párrafo! ;)

  4. sencillamente maravilloso, que encuentres rapido esos cuatro trozos del puzle, busca bien que estaran perdidos en algun lugar inesperado

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