Vaho en el cristal


Nunca he entendido a la gente que responde “pasillo” cuando en el mostrador del aeropuerto le dan a elegir entre “ventana” y esa otra opción de relleno. Normalmente, estas personas vacías alegan que así pueden levantarse de vez en cuando durante el vuelo y estirar las piernas… Sí, sí… ¡escogen estirar las piernas frente a estirar la vista! ¡Increíble!

¡Mirad por la ventana!

También los hay que dicen que les da miedo volar, y que cuanto más lejos del exterior y más cerca de las salidas de emergencia mejor que mejor. A ver… almas de cántaro: que si esto se cae, nos vamos al carajo todos… No va a servir de nada que memoricéis el panfleto de instrucciones en caso de pérdida de despresurización de la cabina o de un aterrizaje forzoso en el mar: ¡se acabó chim pun! Así que… hacedme caso y disfrutad todo lo posible de lo alucinantes que son los viajes en avión.

Entiendo que dé un poco de respetillo cuando despega o aterriza ese pedazo de trasto que jamás comprenderemos cómo es posible que vuele; por el ruido, el acelerón y la vibración… Y que si hay turbulencias todos dejemos de respirar por unos segundos, mientras buscamos en nuestra biblia mental cuál es el capítulo y versículo más apropiados para rezar en esos casos… Pero cuando ya estéis en el aire… ¡Mirad por la ventana!

Creo que hay pocas sensaciones tan apasionantes y clarificadoras como las que produce ver cómo asciende la nave hacia el cielo. Todo comienza a hacerse pequeñito, pequeñito ante tus ojos… En seguida, los grandes edificios de la ciudad, los inmensos estadios de fútbol, las piscinas, las casas de campo y los coches, que ya parecen de juguete… se convierten en manchas difusas, engullidas por infinidad de figuras geométricas marrones, amarillas y de distintos tonos de verde. Las largas cintas de asfalto, que zigzaguean entre medias de ese puzle multicolor, se van estrechando hasta convertirse en finísimas líneas a lápiz, dibujando un preciso y precioso mapa a tamaño real: la Tierra… :O

Desde allí arriba comienzas a darte cuenta de que somos una cagarruta en la inmensidad, pese a lo grandes que nos sentimos los humanos. Que el más alto o el más rico es tan insignificante como el más pobre o el más bajito, aunque ninguno de los cuatro lo sepa.

También dejas de entender los conceptos de “frontera” y “propiedad”. ¿Quién partió el pastel?: ¿Dios? ¿El jefe de los neandertales? ¿Felipe II? ¿Arguiñano? ¿El que dijo <desde aquí… hasta aquí… to’ esto es mío>? ¿Y con qué derecho y baremo? ¿Por qué hay tanto para repartir y tan pocos entre los que se reparte?

Y luego subes bastante más. Y, sin previo aviso, por unos instantes dejas de ver… Se nubla tu visión con un “fundido en blanco”. Pero después… ¡Tachaaaan! ¡El mundo se da la vuelta! Las nubes se convierten en suelo y el cielo se queda vacío. Sólo el sol sigue ahí arriba, quemándote la retina como nunca antes. Pero no retiras la mirada de aquella maravilla: sigues apoyando, sin escrúpulo alguno, tu cara contra el ventanuco de cristal blindado, endurecido por la grasilla de las dos o tres mil frentes que tuvieron la gran suerte de volar en el asiento 7-A, con la boca abierta…

Volcanes en el aire

Volcanes en el aire

Por tu cabeza pasan palabras que creías olvidadas, pero que siguen sin dar sentido a lo que estás viendo, por mucho que intentas recordar las clases de ciencias naturales del cole: gravedad, condensación, atmósfera, argón, iones negativos y positivos… ¿Pero cómo se sujetan en la nada esas esponjosas masas blancas? ¿y por qué se quedarán todas a la misma altura como una alfombra de algodón? ¿soportarían mi peso? ¿y el de una mariposa? ¡Quiero tocarlas! Bueno, pues haré una foto. ¡Ah, nooo…! Que no se puede encender ningún tipo de dispositivo electrónico durante el vuelo… ¡A la mierda! Que pa’ eso he rezao la carta de no sé quién a los Corintios, que la tenía reciente de la boda de mi hermana… ¡Flashazo al canto! Total… si este pájaro se va a pique… tiene que molar mogollón ver cómo caen las mascarillas del techo. Y si sobrevivimos -que lo haremos “seguro”…- ya habrá alguna persona (probablemente de las que eligieron “pasillo”) que estuviese observando a los azafatos señalando las salidas de emergencia y haciendo que soplan por un tubo para inflar un salvavidas de la posguerra, que me diga qué debo hacer… ;)

En fin, mi querida tripulación… Como no me cansaré de repetir: lo importante no sólo es el destino, pues puede que sea una decepción al fin y al cabo, o incluso que nunca lleguemos. ¡Disfrutad del Viaje!

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2 pensamientos en “Vaho en el cristal

  1. LA LECHE !!!! aun quedan aviones de hélices?????
    yo pensé que ni siquiera en Cuba se atrevían a ello.
    En fin, creo que es la manera perfecta de plantearse subir a un avión, disfrutar.
    También me encanta esa sensación de entrega, esa sensación de no ser dueño de nada ahí arriba estando en manos de la física aeronáutica.
    Recuerdo la canción … “mata mas gente el tabaco que los aviones…” la cabra mecanica
    un abrazo GSUS

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