Arena en el pelo


Después de días y días de duras negociaciones en un frenético grupo de WhatsApp, compuesto por un alto porcentaje de los que aparecíamos en aquella antigua foto del colegio, que alguien compartió en Facebook despertando a la fiera dormida… por fin se fijó una fecha. En unas semanas, unos cuantos de esa espontánea comunidad en blanco y negro, quedaríamos para cenar. ¡Algunos llevábamos décadas sin vernos!

Imagino que, al igual que me pasaba a mí, una ensalada de emociones, nerviosismo, nostalgia y miedo, se apoderó de todos los que tuvimos el valor de jugar de nuevo al “escondite” o a “fuga”, después de tantísimos años. Según las reglas del juego, cuando “el que se la ligaba” encontraba a alguien, tenía que gritar ¡por Fulanito! o ¡por Menganita!, para sacarlo de su escondrijo; esta vez… del más temido de todos: el tiempo. ¿Y si no te reconocían?

Clase Legamar 83 o por ahí...

Entiendo a aquellos que no se atrevieron a unirse al “remember”. No veían la necesidad de revolver el baúl de los recuerdos, defendiendo que el pasado debe quedarse en el lugar al que pertenece: el propio pasado… Porque, enfrentarse a viejos fantasmas, quitarle la costra a heridas ya cicatrizadas y sacar a la luz complejos que en su día eran un tormento… no se lo recomiendo a nadie; salvo a esos que con la edad hayan aprendido a reírse de uno mismo y tengan claro que no hay que demostrar nada a nadie. Somos lo que somos. Y punto.

Cuando llegó el día D y la hora H, lo primero que llamó nuestra atención fue que, desde lejos, ya sabíamos quién era quién, con nombre y dos apellidos. Y lo segundo, ya de cerca, fue darnos cuenta de que el tiempo había pasado para todos; para bien y para mal. Que ya no éramos esos chiquillos de voz chillona que saltaban por el recreo con la cabeza llena de pájaros, el babi de pintarrajos y el pelo de arena. (En la mayoría de los casos, porque la arena ya no tendría mucho a lo que agarrarse… jaja!)

Infinidad de secretos (por aquel entonces, inconfesables), “qué-fue-de-tu-vidas” y batallitas de todos los colores y sabores, volaron durante varias horas de un lado al otro de aquella larga mesa de ex compañeros de pupitre y campamento. Se hablaba con naturalidad y sin rencor de primeros amores, incluso entre algunos de los presentes allí. Salieron a la luz resquemores, que esta vez acabaron en risas. Se enumeraron sueños cumplidos, pasando por alto los fallidos… pues llegamos a la conclusión de que todavía estamos a tiempo de hacerlos realidad. Os aseguro que no hubo en toda la velada un instante que no se oyese una carcajada o que alguien no se ruborizara (o incluso se escandalizase) al recordar las mil anécdotas, peinados y ropas de la época, e historias para no dormir que se pusieron sobre la mesa, entre las patatas bravas, los chopitos y las cervezas.

Fue divertidísimo, y a la vez muy sorprendente, ver cómo… los tímidos se habían convertido en guerreros; los líderes ya no mandaban ni sobre sí mismos; los que pasaban desapercibidos en su día hoy eran los reyes del mambo; los que se comían los mocos, (literalmente) a escondidas… ahora se los seguían comiendo (metafóricamente) pero sin tapujos; los mujeriegos estaban completamente enamorados de sus actuales mujeres; los más duros de la clase, no paraban de hablar -cayéndoseles la baba- de las travesuras de sus hijos; las guapas eran más guapas aún; y los feos…  sólo habíamos podido ir a mejor. ;)

Pero lo más emocionante fue cuando, justo cuando el sol del domingo comenzó a dar golpes en la puerta del bar donde nos encontrábamos, nos dimos cuenta de que en algunas de las miradas y gestos, de todos y cada uno de nosotros… todavía asomaba de vez en cuando un pequeño reflejo de los niños y niñas que fuimos… Digo, que Somos.

PD: Eso sí, después de analizar con tanto entusiasmo nuestras vidas aquella noche… nos quedó clara una cosa, que tantas y tantas veces nos han repetido nuestros padres: <<Hijo… ¡qué pena de dinero tirado en un colegio de pago!>> jajajaaaa!!

Anuncios

9 pensamientos en “Arena en el pelo

  1. La pregunta es obligada… cual de esos preciosos infantes eres tu?
    extrañas reuniones, típicas de peli americana en las que suele haber mas rencores que otra cosa.
    En este bendito país nuestro, seguro que los juegos que mencionas cumplían su función educativa… que recuerdos!!!

    • Muy a mi pesar… soy el que se está hurgando la nariz en blanco y negro!! :S Siempre fui muy oportuno! jaja!!! Para más señas: el cuarto de la fila de abajo, empezando por la derecha. :)
      Si te digo la verdad… esa “extrañeza” de la que hablas sólo duró los primeros minutos de adaptación. Después, todo era como hace años! Increíble!!

  2. A mi me dan un nosequé las quedadas de reencuentros, siempre creo que no van a ser lo mismo que eran antes…y muchas veces me sorprendo. Claro que, para mis quedadas, no han pasado muchos años. Hace poco hicieron una cena los de mi instituto, pero no pude ir. Se reencontraron algunos después de 7 u 8 años.

    • ¿Qué pueden tener de malo los reencuentros, siempre que sea gente con la que compartiste más cosas buenas que malas? Si es al revés… mejor seguir conociendo personas nuevas, claro está. ;)
      Gracias por tu comentario!

      • Por eso mismo, mas vale guardar esos bellos recuerdos… Igual se modifican al volverlos a ver. Quiero decir, igual la imagen que tenias de algunas personas cambia totalmente a causa de lo que han cambiado…y como consecüencia, los recuerdos ya no te parecen tan buenos. ¿no? Que no digo que sea siempre así, pero es el miedo a que pase jeje

      • En parte te entiendo… Da miedo. Pero yo soy más partidario de correr el riesgo de que algunos de mis bonitos recuerdos puedan romperse al enfrentarse con la realidad de los años, ya que me compensa por todos los otros que recupero y que había olvidado. ;) Además, creo que, aunque el tiempo haya pasado por fuera, por dentro todos seguimos siendo los mismos niños que éramos, pero con la cabeza un poco mejor amueblada. Y eso lo hace un poco más real de lo que era en mi mente. No sé si me explico…

      • Si, aunque creo que todos los recuerdos, de real tienen poco. Cada uno los almacena a su manera, omitiendo cosas y “exagerando” inconscientemente otras. Así, con el paso del tiempo, se van alterando mas, y los vamos adornando tanto que al final acabas diciendo aquello de: hay aquellos tiempos…
        Bueno, me estoy enrollando mucho lo siento jejeje
        Pero te entiendo, aunque creo que lo único que hacemos con los reencuentros es modificar los recuerdos un poco mas (ojo, que no lo veo mal! si ya los recuerdos son un poco falsos, que mas da modificarlos?). Lo que cuenta, al fin y al cabo, es el presente, y los reencuentros, en algunos casos, me parecen solo una manera de no querer que el pasado se vaya…

      • Eso es!! Es una forma de mantenerlos vivos!! Pues poco a poco vamos olvidándolos o distorsionándolos tanto, que, de vez en cuando… no está mal volverlos a repintar! jeje!!
        PD: no te disculpes por escribir mucho, aquí estamos para eso!! ;)))

      • Ya, si de echo yo soy la primera que cuando quedo con amigos antiguos (ya sea que hace tiempo que no veo, o que aun mantengo despues de muchos años) nos pasamos las horas rememorando momentos, y riéndonos.
        Interesante conversación ;)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s