EPÍLOGO: Camino de Baldosas de Arenilla


Cientos de Luciérnagas, entre ellas las 7 más brillantes, salieron de su escondite un par de horas antes del amanecer.
Fue muy duro despertarse tan temprano, pero tenían que recorrer los últimos kilómetros que les separaban de su Destino antes de que dieran las 12 horas del mediodía…
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La leyenda contaba que en ese instante exactamente, un gran botafumeiro, repleto de incienso incandescente, atravesaría la Catedral de Santiago para darles la bienvenida al final de su búsqueda y la enhorabuena por su gran hazaña… ¡Y tenían que estar allí cuando sucediese, costase lo que costase!
La expedición superó su miedo a la ceguera, y avanzó con decisión. El sol se posó finalmente sobre sus cabezas, regalándoles el último aliento que necesitaban para llegar a tiempo… ¡Y lo hicieron!
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Una rara mezcla de sensaciones se apoderó del grupo al intentar entrar en la mítica plaza del Obradoiro. Un infranqueable muro, compuesto por un batiburrillo de emociones, pena, orgullo, recuerdos, dolor e idealización… detuvo en seco sus pies, malheridos por el viaje. Sí, la duda embistió a la manada sin piedad, derribando sus escudos. ¡No podían creerlo! A escasos metros de la meta estaban paralizados… ¡Tenían pánico de haberlo conseguido después de todo!
Las lágrimas empezaron a brotar sin consuelo de sus ojos, ya familiares entre sí, que se miraban suplicando un motivo… ¡¡Un motivo!!
Esas miradas se convirtieron de pronto en sonrisas… y esas sonrisas en fortísimos abrazos.
Por fin lo habían entendido: ¡¡¡Era Felicidad!!! Felicidad por haber luchado y haber vencido. Por haber compartido tantas cosas increíbles en tan poco tiempo. Por haber encontrado lo que habían venido a buscar, aunque ninguno de ellos supiera darle un Nombre.
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Recordaron entonces lo que les dijo aquel anciano al final de una de sus inolvidables cenas de vino, rosas y risas; palabras que siempre tendrían presentes de aquí en adelante, y que daban Sentido a todo esto:

“Cuando sintáis frío, poneos a andar. Y si con eso no se soluciona… andad más rápido. ¡Nunca os detengáis!”. (Todos tuvimos claro al instante que con ese consejo no se estaba refiriendo sólo al Camino, sino a nuestras Vidas en general…)

Ahora ya estaban listos para Continuar… Uno a uno se fueron cogiendo de la mano, hasta formar una cadena de siete eslabones, totalmente distintos, pero complementarios… Una cadena indestructible, forjada a fuego lento durante 31 días y 31 noches; durante miles y miles de pasos a la par. Y así entraron en la mítica plaza empedrada, juntos, sin soltarse ni un segundo. La Catedral de Santiago se alzó ante sus asombrados ojos por fin… ¡Woooooohhh!
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Las lágrimas recorrían sus mejillas hasta ahogarse en unas enormes sonrisas; sinceras y satisfechas.
La gente que estaba allí por causalidad y casualidad (realmente como todos nosotros), al ver semejante espectáculo explotó en vítores y eufóricos aplausos, al compás de nuestros acelerados corazones, y al ritmo de los cansados pies que dirigieron a aquellos 7 “caballeros y caballeras” hasta el epicentro. Al llegar allí, aún sin soltarse, se dejaron caer hacia atrás sobre sus inseparables y pesadas mochilas. Vieron cómo el impresionante edificio pasaba rápidamente ante sus pupilas; desde la base, pasado por los gigantes portones de madera, hasta perderse tras la punta de la cruz que lo corona. Después… sólo cielo.
Así se quedaron durante un buen rato, tumbados boca arriba, sin decir nada; descansando al fin. Se lo merecían. ¡Lo habían logrado!
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Largos minutos después, el más joven de todos rompió el silencio y dijo, casi susurrando: “Chicos… me duele hasta el alma. La próxima vez… ¡lo hacemos a caballo!” jaaaa!!! Entre risas y “¡somos los mejores!”, la cuadrilla se levantó (no sin dificultad, por las agujetas que sentían hasta en las pestañas…) y se dirigió al restaurante más cercano. El Santo no se iba a mover de allí… ¡y esto había que celebrarlo! ;)))

Ya sólo me queda decir una cosa más, para dar por cerrada una de las “Etapas” más alucinantes y Llenas de mi vida: ¡Gracias a todos y todas las que habéis estado conmigo, cerca o lejos, delante o detrás de mis pisadas… pero siempre dándome Ánimos. ¡Sin vosotr@s no lo habría conseguido! ¡Gracias, de verdad!
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PD: Por cierto, si algo he aprendido con esta aventura, aparte de que el Camino no es Camino si no se comparte; es que el mío… ¡no ha hecho más que empezar!! ;)))

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9 pensamientos en “EPÍLOGO: Camino de Baldosas de Arenilla

  1. Muchas gracias por compartir tu camino, ha estado muy bien empezar la mañana con esa cucharadita de jarabe, y ya sabes que esas cosas crean adición, así que por el bien de todos no lo dejes, eh? Enhorabuena!!

  2. Por Dios Gsus, con lo enganchada que estoy a tus historias, que voy ha hacer ahora que has terminado el Camino? ENHORABUENA CAMPEÓN, lo has conseguido. Y gracias por hacernos partícipes de tu andanza. Ha sido genial, aunque el que ha pasado todas esas penurias has sido tú, desde aqui te hemos apoyado. Un besazo enorme.

  3. Enhorabuena.
    Y que el Santo o Prisciliano, a quien quiera que hayas dado el abrazo, guien tus siguientes pasos para que la vida te dirija por los mejores derroteros.
    Muchas gracias por tus sentidos y magníficos resúmenes del viaje.
    Esperando verte por GetafeVoz
    Hasta siempre

  4. Jooooooo que bonito ! Hasta me he emocionado y todo. FELICIDADES por ese camino y por estos relatos que me han llevado a hacer el camino juntos. Un abrazo enorme. Esperaremos Nueva York.

  5. Llorando me tienes!!!!!!!!!!!!!!! Me has hecho recordar “mi camino” :)
    Enhorabuena x haberlo conseguido
    (no dudé q lo terminaras)
    Enhorabuena x lo q has aprendido (eso es para tí)
    Enhorabuena x lo bien q escribes (eso es para nosotros ;)
    Ns vemos pronto!! Muchos bss

  6. Y que puedo decir yo…
    De las 7 luciérnagas, la de luz mas gastada.
    El camino no es llegar a Santiago, creo que por Santiago solo se pasa, o en realidad podría decirse que llegar a Santiago es el comienzo.
    Es un cursillo tan acelerado e intenso que pocos pueden llegar a explicarlo, puedo decir que te considero parte de la lección aprendida Jesús… parte importante de los apuntes en los que miraré cuando tenga dudas… durante el resto de mi camino.
    Un sincero abrazo
    Vik

    • ¿Luz gastada, dices? Una vez más… ¡te equivocas! jaja!! No, una Luciérnaga a medio fundir (como tú te consideras) no anima constantemente al resto, no les dice mentirijillas piadosas sobre la distancia que queda para que no decaigan, no se preocupa por asegurar que “la manada” dormirá bajo un buen techo cada noche, no es el guía ni a quien todo el mundo recurre cuando se siente perdido (en todos los sentidos), no es el que no deja de preguntarte qué tal vas o si necesitas ayuda, no es el que derrama lágrimas de emoción con cada “gracias” que recibe, ni carcajadas con cada chiste malo, no es el que lucha una y otra vez por salvar lo que más quiere (a quien Quiere) por pocas que sean las posibilidades de éxito… Esa luciérnaga, no eres tú.
      Oh, capitán! Mi capitán… ;)))

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