El mejor trabajo del mundo (CdBdA – Etapa 31)


Parece mentira que hoy sea la última noche que vaya a dormir con otros 19 más (como mínimo) en la misma habitación, ya que mañana abandonaré Pedrouzo para llegar a mediodía al Destino Final del Camino: ¡Santiago de Compostela!

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Eso sí, estoy seguro de que cuando vuelva a mi cama de Madrid por fin… durante los primeros días, echaré de menos estar en medio de esta “orquesta sinfónica nocturna”, en la que no falta ni un sólo instrumento de cuerda, viento o percusión… jaja!!
Hoy me siento muy afortunado, pues esta noche de despedida del mundo “alberguil”, he conseguido agenciarme una de las preciadas literas de abajo, desde donde estoy escribiendo. ¡Qué reconfortante es saber que no tendré que jugarme más la vida trepando o descendiendo por endebles hierros chirriantes, en la más absoluta oscuridad! jaja!! (Hay que ver con qué poco se conforma uno después de esta peregrinación, ¿eh?…)
La verdad es que, pese a que ninguno de los que estamos haciendo esta “locura” sabemos muy bien el motivo real (ni lo sabremos…), en una cosa coincidimos: ¡Es El Mejor Trabajo del Mundo!
Os preguntaréis que qué tiene de bueno este batiburrillo de cansancio, sueño y sufrimiento… Pues bien, la respuesta es muy sencilla: es algo que, tenga sentido o no, hemos elegido por y para nosotros mismos; no lo hacemos por nadie más. No nos cuesta levantarnos tan temprano durante tantos amaneceres seguidos. No nos planteamos si nos apetece o no; simplemente nos despertamos y nos ponemos a Caminar. No es una opción, sino una elección personal: lo tenemos que hacer y punto. Te duela lo que te duela, tengas calor o frío, y dure lo que dure la jornada a la que te vayas a enfrentar… te pones en pie, te quitas la legaña del ojo… ¡y Andando, que es gerundio! ;)))
Además, la recompensa es grandísima y te pagan a diario, sin falta. Sí, el generoso salario consta de raciones colmadas de orgullo por haber superado cada etapa, reencuentros con quien perdiste por el Camino, problemas que te atormentaban convertidos en anécdotas, altas dosis de autoestima… y copiosas cenas con amigos, cada atardecer. ¿Qué más se puede pedir? ;)))

Para despedir esta entrada, quiero compartir con vosotros una frase que vi el otro día escrita en una pared, y que me dio un motivo más para estar aquí… desempeñando el mejor trabajo del mundo:

“Hay gente tan pobre, que sólo tiene dinero.”

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