Que son Molinos, Mi Señor… (Camino de Baldosas de Arenilla-Etapa 12)


* LO BUENO:
La carrera contra reloj de ayer para conseguir cama en el Albergue Municipal de Burgos… hoy me ha pasado factura. Os juro que parecíamos los del programa de TV “Pekín Express”, intentando por todos los medios llegar los primeros. ¡Incluso codazos hubo!

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Nada más despertarme he sabido que algo no marchaba bien: mi tobillo derecho me dolía a rabiar y no sentía la rodilla izquierda… Para no alarmar a mi grupo me he hecho el remolón en la cama y les he dicho que comenzasen a andar sin mí; que ya les cogería… Pero la única razón era que sabía que, en mi estado, no podría seguir su ritmo los 31 kms que nos separaban de la meta de hoy (Hontanas) y sólo conseguiría retrasarles.
Cuando he salido por fin a la calle, el temido frío de la ciudad del Cid me ha dejado claro que el intenso dolor de mi tobillo (tendinitis dicen que tengo) iba a hacer “inolvidable” aquella larga etapa… ¡Y no se equivocaba! :S
Medio cojeando he comenzado a andar. El ibuprofeno aún no había hecho efecto y casi abandono en ese mismo instante. ¡Pero no podía hacerlo! Este viaje no era una opción, sino una promesa a mí mismo y a nadie más. ¡Era, y es, mi propio reto!
Los primeros kilómetros me han costado mucho, pues los pinchazos me paralizaban de vez en cuando, sin previo aviso. Poco a poco mi cuerpo ha debido de entrar en calor y he podido avanzar muy lentamente. Veía la pena reflejada en los ojos de la gente, mientras me deseaba “Buen Camino” con cara de preocupación, pero yo les respondía un seguro “gracias” con punto y final incluido, que no dejaba lugar a dudas: lo iba a terminar, costase lo que costase.
La soledad, la eterna distancia y el cruel sol sobre mi cabeza, tampoco han ayudado mucho. De hecho, el cansancio, la sed y el dolor, a veces me hacían ver molinos de viento convertidos en gigantes; e incluso… ¡enormes buitres volando en círculos sobre mi cabeza, esperando a que por fin me desplomase! jaja!!

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Pero no ha sido así… Cuando finalmente he llegado a este pueblecito oculto en un valle, ¡mi equipo de valientes estaba allí esperándome!; y nada más verme descendiendo a lo lejos la cuesta de entrada, arrastrando los pies y el alma por el suelo, han empezado a vitorearme y a ofrecerme grandes jarras de cerveza bien fría.
En ese preciso instante, he sabido de todas, todas… de dónde habían salido mis Fuerzas para llegar hasta allí: de Ellos. ¡Gracias Amigos! ;)))

* LO MALO: Que son gigantes, Sancho..  ¿¡Pero no los ves?!

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