¿Esto… se sigue chupando, no?


Ayer me pasó algo muy desconcertante, que me mostró de golpe lo que ha cambiado el Cuento en los últimos años:

Mi banco me pidió que les enviase una carta postal, de mi puño y letra, informándoles de un cambio que quería hacer en mi cuenta. Imagino que para poner todas las trabas posibles, al igual que lo hacer las compañías de teléfono o internet cuando quieres darte de baja… ¡Con lo facilísimo que es apuntarse! ¿Eh? Anda que me dijeron eso, de “esta conversación será grabada y tendrá validez contractual” como dijeron al darme de alta. En fin… eso es otra historia.

Pues bien, ni corto ni perezoso, me puse a ello: saqué un folio de mi impresora láser-multifunction, rebusqué por cuatro o cinco cajones de casa hasta encontrar un bolígrafo que pintase (ardua tarea, por cierto), eché a un lado con dificultad el teclado del ordenador y, tras hacer alguna que otra práctica de escritura, redacté muy lentamente mi carta para no torcerme. <¿Pero dónde está el tabulador de este folio? ¿Y el corrector ortográfico?> Me pregunté en varias ocasiones…

Salí a la calle con mi papiro manuscrito, doblado en tres partes para que lo primero que se viese fuera el “Muy Señor Mío:” al sacarlo del sobre reciclado, que mi comunidad de vecinos me había pasado días antes por debajo de la puerta. Me dirigí al estanco más próximo con paso firme… Pero poco a poco fui acortando mis decididas zancadas. ¿Y si ya no se venden los sellos en los estancos y quedo como un “cromañón”? ¡A ver si ahora es en el ayuntamiento o algo así…! Bueno… me la jugaré.

¿Y cuánto costarán? Creo que el último que compré me salió por unas 25 pesetas… Bueno, voy “sobrao”: llevo dos monedas de 20 céntimos de euro en el bolsillo. <Si cuesta más, ¡casi que me acerco yo a llevarlo en persona! ¡ja, ja!> Me dije a mí mismo, demasiado confiado…

Esperé la cola del estanco con mi sobre re-cerrado con celo en la mano, muy orgulloso. (Me dio la sensación de que la gente me miraba sorprendida, como si llevase conmigo un trilobites vivo… y diciendo “¡¿Pero no se habían extinguido ya esos bichos?!”) Llegó mi turno y le dije a la Estanquera de Sevilla, vocalizando mucho para que me entendiera: <Un sello para Madrid, por favor.>, mientras señalaba el sobre con el dedo. ¡Menudo momento de tensión! Parecía como si el tic tac de los relojes de los que estábamos allí marcase cada tres segundos, en lugar de cada uno… Pero, superado el shock, la muchacha rebuscó en un cajón escondido tras unos 100 cartones de tabaco, y sacó el sello perdido.

Sello—Son 37 céntimos. —dijo sonriendo, mientras lo pasaba a través del ventanuco del cristal blindado (ahora entiendo el porqué de tanta seguridad en los estancos: ¡se forran con los sellos!), como sabiendo que estaba a punto de ver a un hombre irse andado desde Getafe hasta Alcobendas, por listo. Y a punto estuvo… ¡Menos mal que dio con un tipo la mar de previsor como yo! ;)

Saqué las dos moneditas del pantalón. Y, al tiempo que ella buscaba los tres céntimos del cambio… yo comencé a inspeccionar el sello, por delante y por detrás. No veía el “despegue por aquí” o algo así, que esperaba encontrar. No podía ser que, después de tantos años de evolución de la raza humana, siguiéramos teniendo que hacer lo que estaba a punto de hacer yo…

Cuando ya lo tenía en la lengua, escuché cómo “la sevillana” se reía de mí abiertamente. Lo saqué corriendo de la boca, tragué saliva con sabor a yo qué sé, y dije con naturalidad y un poco de asco: “¿Esto… se sigue chupando, no?”. Todos los que esperaban detrás de mí, que normalmente tendrían muchísima prisa, y les estaría palpitando la vena de la frente por tener un zoquete delante haciéndoles perder el tiempo; hoy estaban disfrutando plácidamente de aquel improvisado “espectáculo en el estanco”… y explotaron en carcajadas. ¡A ellos les querría ver yo enviando un maldito fax!

Cuando sus lágrimas le dejaron volver a ver a través de la ventanilla antivioladores… la chica me hizo señas para que se lo devolviera, y así darme una lección magistral. Colorado, limpié rápidamente el sello contra la chaqueta de mi chándal (no mucho, ¡para que se fastidiase!) y lo deslicé como pude por la bandeja de metal, a tobitas… Ella, cogiéndolo por una esquina con descaro lo puso bocarriba; y observé con admiración cómo, metiendo la uñita por el borde del rectángulo mojado del dibujo, lo despegaba de la base de plástico que yo había saboreado segundos antes. Me pidió la carta, y lo pegó en la parte superior izquierda de la cara sin triángulo, correspondiente al destinatario. (Otro mal rato que me evitó al hacerlo…) Cogí el sobre y los tres céntimos y, sin levantar la mirada del suelo para no ver las caras de satisfacción de los crueles espectadores, salí por fin a la calle. ¡Uff, qué alivio!

Bueno, ahora sólo faltaba una cosa más… ¡¡¡Dónde carajo había un buzón!!! :S

Comencé mi búsqueda amarilla, calle abajo. Y después de mucho andar y preguntar… ¡allí estaba! Lo miré como si se tratase de un monumento. De hecho, a partir de ahora se lo recomendaré a todo el mundo que visite la capital: <No puedes dejar de visitar El Retiro, La Plaza Mayor, El Museo del Prado y El Buzón de Correos que está al final de mi avenida, al lado de un polideportivo, girando a la derecha en la segunda calle… ¡o la tercera! ¡jaja!>

Sentí un poco de nostalgia al abrir la lengüeta metálica que tapaba la boca del buzón y asomarme dentro para no ver nada, con la misma curiosidad que cuando lo hacía de niño pero desde abajo… Es más, justo al dejarla caer en la oscuridad, experimenté ese miedo y esas dudas que a todos nos entraban al echar una carta: ¿y cuándo la recogerán? ¿si llueve se mojará? ¿caerá directamente en un túnel subterráneo que recorre toda la ciudad? ¿y si el cartero no entiende la letra? ¡Mierda, que no he puesto el remite! :S

Buzón

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2 pensamientos en “¿Esto… se sigue chupando, no?

    • Sí, sé que se me fue un poco de las manos… Pero, al fin y al cabo, la longitud es una cuestión de mera comparación: El Quijote sí que es largo!! jaja!! Me alegro de que te haya gustado aún así, y que sirva para entretener a La Peineta de la que hablas! ;) Gracias!

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