¿Y por qué no?


¡Por fin encontré mi media naranja!

¡Encontré mi media naranja!

¿Será posible que sigamos pensando que encontraremos algún día nuestra “media naranja”? Que no, hombre… ¡que nooo! Que yo no digo que no exista… pero, ¿qué probabilidad hay de que te la cruces casualmente un día en la panadería, en la Gran Muralla China o atrapada contigo en un ascensor…? Y lo que es más difícil… que la reconozcas y reúnas el valor suficiente para decirle <<¡Eyyy! ¡Eres el amor de mi vida! ¡Ya era horita, mujer!>> Y aún falta algo: que esa persona, con los ojos abiertos como platos, responda <<¡Bingo! Ven a mis brazos que tú también eres justo la parte complementaria que me faltaba y que llevo buscando desde que tengo uso de razón.>> Que tampoco digo que sea imposible… pero calculo… que esa probabilidad, aproximadamente, asciende a un… 0,000000000001%, periódico puro.

Si os fijáis, siempre se habla de “encontrar” o de “existir”, cuando nos referimos a las medias naranjas… y ahí está el error. Yo siempre he defendido que el Amor entre las personas, y las relaciones en general, son, nada más y nada menos, “fruto” (en este caso sí) del azar. Puede que, efectivamente, ese ascensor del que hablábamos, en el que normalmente bajas sola, se detenga justo hoy entre el tercero y el cuarto, atrapándoos en un metro cuadrado a ti y a tu vecino del quinto… Que, para hacer más llevadera la situación, comencéis a hablar de cualquier cosa, os riáis de la escena, os atreváis por fin a miraros a los ojos…; y, de repente, coincidiendo con el preciso momento en que una vergüenza enorme os pintarrajea las caras de rojo… suene en vuestras respectivas máquinas de emociones un “click” que ambos identifiquéis como ese imprevisto “¿Y por qué no?”.

Pero ¡atención!: esto no quiere decir que hayáis encontrado seguro vuestra media naranja, en absoluto… sino que os vais a dar mutuamente la Oportunidad de conoceros, de acercaros, de compartir (más que ese metro cuadrado); en definitiva… de “moldearos” hasta saber si, o hacer que, vuestras mitades encajen o no.

¿Por qué conformarse con media naranja?

Sí… Sólo hay una forma de que exista nuestra media naranja y de que la encontremos: “Construyéndola” con nuestras propias manos y pies, día a día, mes a mes, año a año, vida a vida.

Nota para principiantes: No hay que olvidar nunca, que para encontrar la mitad que (supuestamente) le falta a algo… primero hay que saber cómo es la primera mitad de ese algo: Tú Mismo. ¿Lo sabes? ;)

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2 pensamientos en “¿Y por qué no?

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