Hace unos días, animado por el vino, un caminante anónimo nos aseguró que hasta que no se hace una larga parada en el “Refugio de Alicia”, en Trabadelo, no empezaba realmente el Camino de cada uno… Aseguraba que la experiencia en general, y ella en particular, había cambiado muchas vidas y que no haría una excepción con nosotros. Eso sí, en aquella casa no se podía beber ni fumar, los chicos y las chicas debían dormir en distintas habitaciones, y había que cantar antes de cada comida: entre risas de curiosidad decidimos que ése era un precio muy bajo a pagar por dar Sentido a nuestras “descarriadas almas”… ¡Y allí dirigimos ayer nuestros magullados pies!
Alicia regenta un humilde albergue de peregrinos llamado “El Hospital de Alice”. Al llegar allí nos recibió eufóricamente; con sus abrazos sinceros y carnosos, y mil besos de esos que suenan. Nada más entrar por aquella semi-derruida puerta… nos hizo sentir como en casa: olía a pasta recién hecha, hacía calor y una tenue luz iluminaba el pequeño salón.
Nos invitó a sentarnos en la mesa y llamó al resto de huéspedes a cenar. Cuando estuvimos todos acomodados y con un abundante plato de espaguetis con queso delante, Alicia cogió la guitarra y se puso a cantar una canción para bendecir los alimentos que íbamos a tomar… ¡Tenía una voz preciosa y todos nos quedamos boquiabiertos!
Luego, nos pidió que nos fuésemos presentado uno a uno y explicásemos el “motivo” por el que estábamos haciendo el Camino: la mayoría de los componentes de nuestro grupo de peregrinos dijimos que lo teníamos todo, pero que queríamos aprender a valorarlo haciendo esto… Alicia y su “familia de desconocidos” dijeron que no tenían nada, y que querían aprender a compartirlo… :O
No os podéis hacer una idea de lo que sentimos cuando los que vivían bajo aquel techo contaron qué les había llevado a querer quedarse a ayudar a Alice a reconstruir su “Hospital de almas rotas” y a los peregrinos que por allí pasasen; únicamente, a cambio de cariño y un plato de comida… (Esta historia me recordó muchísimo a la película “Bajo el sol de la Toscana… ¡Me encanta que estás cosas no sólo pasen en el cine!)
Eran personas que lo habían perdido todo en la vida (y cuando digo todo es TODO, incluidas las ganas de vivir); pero que ahora sonreían y cantaban con más entusiasmo e ilusión aún, que cuando no les faltaba de nada, muchos años antes de que sus perdidos pasos les llevasen directos a la puerta de un ángel… Sí, un ángel con voz de sirena. ;)))
Debéis prometerme que si algún día hacéis el Camino de Santiago… pasaréis una noche en esta “mansión de la esperanza”. Es la única forma de que sintáis, como lo he sentido yo, qué significa construir un Camino con la única intención de que el resto del mundo pueda llegar a ese sitio que nunca creyó capaz de alcanzar: a uno mismo.
Por la Puerta Grande (CdBdA – Etapa 23)
Cuenta la leyenda… que a los peregrinos que atraviesan “La Puerta del Perdón” de Villafranca del Bierzo, si están muy maltrechos al llegar allí, pueden escoger entre continuar o abandonar en ese mismo momento el Camino… perdonándoseles lo que falta hasta Santiago: 177 kms.
Obtendrían así la misma satisfacción, el mismo reconocimiento y la misma “indulgencia plenaria” (perdonando todos sus pecados)… por el mismo precio que llegando hasta la tumba del apóstol realmente.
Esta mañana, al tener esta poderosa “tentación” erguida justo delante de mí, la Duda se ha apoderado de mi mente, mi corazón y mis ganas… Sólo tenía que dar un paso al frente y todo habría acabado. ¡Así de fácil! Quizás ya era suficiente con haber recorrido a pie 600 kms y podía darme por satisfecho… Pero, ¿había encontrado ya lo que venía buscando? ¿había “despertado” por fin de mí mismo? ¿estaba preparado para concluir mi Camino de Baldosas de Arenilla…?
La respuesta era sencilla: No. No así. ¡No por la “Puerta de Atrás”!
Además, la parte más bonita, emocionante y Mágica de este improvisado “paseo”… está a punto de aparecer ante mis asombrados ojos, y no pienso perdérmela por nada del mundo: ¡Galicia! ;)))
Me he encogido de hombros, he vuelto a colocar los 9,5kg de mochila en mi espalda, me he secado el sudor de la frente… y he seguido Caminando.
¡Soltando Lastre! (Camino de Baldosas de Arenilla – Etapas 21 y 22)
Desde el primer paso que di sobre la arena, hacía ya más de 20 días, sabía que iba a llegar este momento: La Cruz de Ferro. Allí debería desprenderme de mi “carga”, representada simbólicamente por una piedra del propio Camino u objeto personal importante, como llevan haciendo los peregrinos desde hace casi mil años.

Se me estaba agotando el tiempo y aún no sabía cuál sería mi “ofrenda”, pues no llevaba encima nada digno de representar mis emociones más pesadas; y ninguna piedra que veía me parecía lo suficientemente buena. Entre mis doloridos pies, pasaban a diario piedras grandes, pequeñas, gastadas, cortantes, planas, musgosas, transparentes y de infinidad de colores distintos… ¡Nada! (Estoy convencido de que me he perdido increíbles paisajes por mirar tanto al suelo, pero prefiero no pensarlo.)
A pocos metros del cartel de despedida de Fontebadón, justo antes de la subida al esperado monte donde se halla la Cruz, me salí del Camino a descansar, cabizbajo por mi fallida búsqueda… En el tronco caído al que me dirigía, había una anciana peregrina que se hizo a un lado, invitándome a que tomara asiento. Rápidamente salió el tema de la mítica tradición que nos esperaba la mañana siguiente, y le conté que había sido incapaz de encontrar “mi piedra”, bastante triste… La mujer rió mientras sacaba de una bolsita que llevaba atada al cuello una minúscula piedrecita, y la ponía en la palma de mi mano con sumo cuidado. ¡Pesaba muchísimo para ser tan pequeña!
Luego se descalzó y me enseñó una herida que tenía en el talón, ya casi cicatrizada por completo… Me explicó que en la primera etapa del Camino llegó al destino con un dolor muy intenso en la planta del pie. Que pensaba que sería una ampolla provocada por el roce de sus botas nuevas; pero que aún así consiguió terminar el primer reto con ilusión y esfuerzo. Y que, al quitarse su bota izquierda, salió rodando esa molesta china… causante de tanto sufrimiento. En ese preciso momento, supo que ésa era la “carga” que debía dejar atrás en la Cruz de Ferro, en representación de todo Lo Malo que llevaba consigo…
Después, me dijo que mi problema era que estaba buscando la piedra perfecta, y que ésta no existía. Que era una piedra “imperfecta” la que debía escogerme a mí.
Mientras la escuchaba, yo jugueteaba con un trozo de roca, erosionada por los golpes del tiempo… Precisamente cuando mi “Hada Madrina” se levantó de mi lado y se alejó, tras desearme Buen Camino, la piedra dejó de girar entre mis pies y me di cuenta de que tenía forma de Corazón… (o del símbolo de SuperMan, ¿quién sabe?) Mi Piedra, mi Carga, mi “Lo Malo”… ¡acababa de encontrarme! ;)))

Cuando, lleno de felicidad, levanté la vista para decírselo a aquella antigua caminante… ésta ya había desaparecido.
Al amanecer del día siguiente, muy nervioso, y repasando minuciosamente todo lo que quería atar con fuerza a aquella rota piedra con latidos propios… ascendí los kilómetros que me separaban de la Cruz de Ferro. Cuando se elevó ante mí, pude sentir ya desde lo lejos la inmensa energía que irradiaba, que nada tenía que ver con religiones ni dioses de ningún tipo; sino por la cantidad de sueños robados, arrepentimientos, errores perdones y propósitos de ser mejor persona, que se arremolinaban alrededor de Ella.
Me acerqué sin prisa, y, nada más dejar caer mi “lastre” allí, entre infinidad de raros objetos y miles de piedras de todos los tipos, y que ahora me daba la impresión de pesar cien veces más que cuando me encontró, me sentí muy ligero; tanto.. que ¡casi podía Volar!
¡Qué digo “casi”!: Ayer y hoy, como si fuese un águila, he podido sobrevolar el paradisíaco Bierzo, descender en picado a la bella Molinaseca, hasta posarme en la orilla del río que pasa por Cacabelos; y mojar mis pies en sus frías aguas…
¡Jamás me había sentido tan ligero! ¡Tan limpio! ¡Tan Yo!
PD: A partir de hoy ya no voy a poner ‘Lo Malo” del Camino, pues a penas hay nada… y lo que había lo dejé atrás, amarrado a una piedra con forma de “corazón partío”.
Queridos Papá y Mamá: (Camino de Baldosas de Arenilla – Etapa 20)
Os escribo para deciros que estoy bien. Hoy he dormido en Astorga y mañana lo haré en El Bierzo.

Es cierto que estoy un poco dolorido y cansado, pero con ilusión y fuerza de sobra para acabar lo que he empezado; como siempre me habéis enseñado. ¡Gracias!
No puedo negar que os echo mucho de menos… ¡Ojalá pudiese compartir con vosotros la infinidad de preciosos paisajes y originales personajes que me estoy encontrando por el Camino!
No dejamos de ver monumentos, siempre que no nos quieran cobrar por entrar, como hacen en la mayoría de las iglesias y catedrales… (En estos casos, vemos lo que sea por fuera; y por dentro nos hacemos la promesa de que ya lo buscaremos en Google a la vuelta. :P)
Estoy comiendo bastante bien, no os preocupéis. Todo muy sano y variado; incluso fruta exprimida: uvas principalmente.

Estoy haciéndome todo un hombre, pues cada tres o cuatro días me cambio y lavo yo mismo los calcetines y los calzoncillos. (Eso sí, la próxima vez, por favor, recordadme que no me traiga ropa interior blanca… que las paso canutas frotando.)
No os preocupéis tampoco por lo de la prevención en las relaciones sexuales: aquí no hay ni ganas, ni tiempo, ni espacio, ni hormonas de menos de 70 años de antigüedad que puedan tentarme. Vamos, que como mucho pillo piojos… y sin necesidad de tocar a nadie. En resumen: para nosotros “A Libido” es un pueblo de Galicia, que creemos que está cerca de “O Cebreiro”. jaja!!
Ya por último, quiero que estéis tranquilos por mi salud, porque me he juntado con un grupo, en gran parte compuesto por españolitos, que, a la más mínima duda de mal tiempo o de sobreesfuerzo, nos metemos en un bar a tomar siete u ocho cañas para entrar en calor, comer algo ligerito y descansar.

Descuidad… ¡No corro peligro alguno con tan buena gente alrededor! ;)))
Os Quiere:
Un Peregrino Sin Causa.
PD: Cada kilómetro lo tengo más claro… ¡No hay mejor albergue que el vuestro!
¿POR QUÉ? (Camino de Baldosas de Arenilla – Etapa 19)
* LO BUENO:
No hace falta pasar por situaciones tan críticas como la mía, en medio de la tormenta perfecta, para plantearte a ti mismo la pregunta del millón: ¿Por qué estoy haciendo el Camino?
Cuando conoces por casualidad a alguien en cualquier etapa, la conversación suele empezar por el fácil “¿De dónde eres?”, continuar por el obligado “¿Vas a llegar hasta el final?” y terminar por el más que complicado “¿Por qué estás aquí? De esta última cuestión, he escuchando, casi siempre, las mismas respuestas: “He venido a encontrarme a mí mismo.”, “Me he quedado sin trabajo y estoy buscando un nuevo rumbo.”, “Llevo toda la vida esperando el momento ideal para hacerlo, y por fin ha llegado: me he jubilado…” Pero la que más me gusta es la de “Voy en busca de la Indulgencia Plenaria”. (Supuestamente, al que anda como mínimo los últimos 100 kms del Camino, el Apóstol Santiago le perdona todos los pecados que haya cometido hasta la fecha… -Oferta no acumulable con otras promociones.- jaja!!)
De camino a León, después de mi fatídica (o afortunada) experiencia con el granizo… necesitaba urgentemente encontrar, y tener muy claro, mi verdadero Motivo. Me hice a mí mismo la pregunta y llegué a la conclusión de que estaba aquí para “Despertar”; que es muy distinto que “Encontrarme”; porque sé perfectamente dónde estoy: aquí y ahora. No soy quien era ayer, ni mañana seré lo que soy hoy. ¡Así que no hay nada que encontrar!
Cuando hablo de “Despertar”, me refiero a ser consciente por fin de lo que realmente quieres de la vida y de lo que estás dispuesto a entregarle a Ella a cambio; de lo que necesitas de verdad para levantarte cada mañana con ilusión, y de lo que tienes pero que no echarías en falta si te lo dejases olvidado en la mesa de cualquier cafetería; de lo que eres capaz de hacer o superar, aunque a nadie le importe si lo consigues finalmente o ni siquiera te vean con las agallas suficientes para intentarlo; de que la fecha de caducidad de tus sueños de siempre cada vez se ve más borrosa o de aquellos que ya están recubiertos de moho. Del valor de cada segundo de tu Tiempo… Tic, tac, tic, tac…
¿A qué estás esperando?¡Despierta Conmigo! :)))
* LO MALO: No siempre hay una sola respuesta para un mismo porqué…
¡ULTREYA! (Camino de Baldosas de Arenilla – Etapas 17 y 18)
* LO BUENO Y LO MALO:
Quizás, ayer fue uno de esos días imposibles de olvidar para mí. Sí, de esos que te pillan desprevenido y están a punto de hacerte caer, o lo que es peor: abandonar…
Una vez atravesada la puerta de Sahagún, custodiada por las temibles esfinges de piedra, no pude resistir la tentación de pasar la noche en la casa de mis abuelos, en San Pedro de las Dueñas. Mi amado pueblo estaba a tan sólo 5 kms de allí, así que decidí salirme del Camino, y recorrer esta distancia, aunque a la mañana siguiente tuviese que desandarla para continuar hacia Santiago… ¡Me hacía mucha ilusión llegar allí a pie, pero entendí que mi grupo prefiriese no tener que hacer al día siguiente 10 kms extra, así que… fui solo.

Llegué cansado pero mereció la pena. Atravesé mi calle predilecta (que como muchos ya sabéis es “La Calle del Silencio”) y por fin entré en quella vieja casa que, como siempre, me estaba esperando con los brazos de adobe bien abiertos: la lumbre caldeando el ambiente, comida y bebida en la despensa, una gran cama (con sábanas y todo), un baño con agua caliente y un ¡pulcro váter para mí solito! ¿Qué más se podía pedir? Disfruté de tantísimo lujo por unas horas y después me acosté plácidamente…
Cuando el despertador gritó impertinentemente a las 6 de la mañana, estuve a punto de apagarlo y tomarme un par de días de reposo, con la excusa de que mi pie se recuperase del todo; pero si lo hacía, no estaba seguro de que pudiese retomar mis andanzas tras volver a probar los placeres de una vida corriente… así que, me levanté sin pensarlo mucho, metí las cosas rápidamente en mi macuto y salí por la puerta sin mirar atrás. Si quería volver a reunirme dentro de dos días con mi grupo de nuevos pero fieles amigos en León, tenía que andar 34 kms esa jornada (hasta el pueblo de Reliegos) y otros 24 a la siguiente.
Al poco de empezar a andar, el dolor producido por la tendinitis en mi empeine derecho empezó a hacerse notar, así que el “paseo” iba a ser largo, como mínimo… Fueron pasando las horas y los pueblos a mi alrededor, sin prisa pero sin pausa. Como iba tarde y no quería perder mi reserva en el albergue de destino, no paré ni siquiera a comer en la última parada del recorrido, antes de enfrentarme a los 13 kms de despoblado camino que me separaban de mi destino. A la salida de aquel pueblito, vi una extraña flecha en el suelo formada a base de cacas de perro, que alguien había colocado así, a modo de advertencia. (Normalmente la gente construye estas flechas con piedras para indicar la dirección y motivar a los caminantes.) No hice caso de la “señal de peligro” y seguí adelante… ¡Menudo insensato!

El pie me latía con fuerza entre pinchazo y pinchazo, pero sabía que si me detenía y se enfriaba, luego sería peor… Me puse a andar. ¡Ya faltaba menos!
A la media hora de caminata el cielo se encapotó de pronto. Precía que se iba a poner a llover, así que (muy previsor yo) me puse la capa y los guantes. ¡Que empiece el show!:
Notaba cómo pequeñas gotitas golpeaban mi capucha de vez en cuando, pero poco a poco comenzaron a galopar sobre mí, eufóricas. No… Espera… Eso no eran gotas… ¡Era granizo! Cloc… Cloc… ¡Cloc, cloc, cloc, cloc…!
Al principio me hizo hasta gracia, pero en un abrir y cerrar de ojos aquello era lo más parecido a un campo de batalla, en el que yo era el único enemigo a la vista. Era ya media tarde y todos los peregrinos estarían a salvo en sus albergues, como era lo normal: estaba completamente solo… No tenía por delante ni un árbol para refugiarme del bombardeo, y el pueblo hacía ya rato que había desaparecido detrás de mí. No me quedaba otra opción: seguir.

Apreté el paso al mismo tiempo que lo hacía la “tormenta perfecta” que me estaba dando caza sin piedad. El granizo comenzaba a formar montoncitos en el sendero, que yo intentaba sortear con cuidado, ignorando los gritos de auxilio de mi tobillo; ¡no podía resbalar! A esas alturas ya no sólo caía hielo del cielo: chorros de agua congelada competían ahora con él por ver quién era el primero de los dos en alcanzarme. El viento empezó a soplar también… haciendo que mi capa se elevara, y dejándome al descubierto constantemente. Pensé que no podía permitir que mi mochila se mojase. Total, yo ya estaba empapado… Así que, me la quité de cabeza y cuello, y la enrollé como puede, protegiendo mi valioso y seco equipaje.
Cuando terminé de impermeabilizalo, ríos de agua y miles de trocitos helados corrían entre mis pies. Avanzaba con dificultad, pisando charcos enormes… Las botas y los calcetines ya estaban encharcados y pesaban muchísimo. Tenía un frío increíble y a duras penas veía lo que tenía delante, pero ¡no podía parar! Empecé a sentir cómo se me congelaban los dedos de las manos, y cómo el miedo se apoderaba de mi mente… ¡No me podía estar pasando esto a mí!
Por fin vi un grupo de árboles y me acerqué con la esperanza de encontrar “un poco de sombra” y poder llamar al albergue para decirles que, por favor, mandaran un taxi a recogerme. (Si os digo la verdad, no sé que dirección le habría dado al taxista en caso de haber podido realizar finalmente la llamada: la del albergue del siguiente pueblo o la de mi casa de Madrid… ¡No lo soportaba más!)
Cuando intenté sacar mi móvil del bolsillo, mis dedos estaban agarrotados y se me cayó al suelo… ¡Noooo!
Allí, de rodillas sobre un gran charco de agua helada, empapado, tiritando, con el teléfono muerto entre mis manos y el pánico invadiendo cada una de mis neuronas… cerré los ojos y respiré profundo. Me vino a la mente una idea que me escandalizó: ¡Claro! ¡Esto era como las 7 Plagas de Egipto! Las picaduras de distintos bichos, las llagas en los pies, las enfermedades varias debilitando a los de mi alrededor, el agua convertida en vino en los menús de peregrinos (¡Ah nooo, que ésa es otra historia! jaja!)…Y la última plaga… ¡La muerte de los primogénitos!… ¡Me cago en la leche! :O ¡No podía consentirlo! Había cumplido a rajatabla todas y cada una de las reglas del Camino… ¡No era justo que “El Señor Éste” me castigase así!
Meditando sobre esto, me di cuenta de otra cosa: el granizo y el agua glaciar que se habían filtrado sin permiso en mis botas, habían insensibilizado mi tobillo… ¡Ya no me dolía! (Pensé incluso que mis tendones se habían vuelto de “adamiántum”, como los huesos de Lobezno: ¡indestructibles! :P)
Desenvainé mis bastones de la mochila por encima de los hombros, como un ninja. Apoyé mi pie malo con firmeza en el barro, y, haciendo un esfuerzo sobrehumano, me impulsé para ponerme en pie de nuevo… Miré para arriba, levanté los palos apuntando al epicentro de la tormenta y grité: ¡No vas a poder conmigo…! ¡¡¡ULTREYAAAAA!!!
(Sí, soy un poco peliculero, ya me conocéis… Además, tuve suerte de que no me cayera un rayo en ese mismo instante, ¡por “flipao”! jaja!!)

Liberar mi miedo, mi impotencia y mi rabia, me ayudó a reaccionar… ¡No pensaba rendirme!
Me puse en marcha de nuevo; sin descanso, sin mirar al horizonte, sin pensar. Sólo caminaba… Hasta que, por fin, el ansiado pueblo apareció ante mis ojos empañados. Entré en el albergue y me desplomé, exhausto, en la litera que me habían asignado (con la ropa mojada y todo). Nada más tocar el mugriento pero cálido colchón, me quedé profundamente dormido…
¡Había sobrevivido a uno de los peores días de mi vida!
* Nota: La palabra “Ultreya” o “Ultreia” viene del latín y significa “Más allá”. La utilizaban los antiguos peregrinos para darse ánimos entre sí, a modo de saludo: ¡No te pares! ¡Avanza! ¡Buen Camino! ;)))
El Oráculo del Norte (Camino de Baldosas de Arenilla – Etapa 16)
* LO BUENO:
¡Hoy he pasado el Ecuador del Camino! Parecía imposible… ¡pero lo he logrado!
Cuando he llegado a la Puerta de Sahagún de Campos, me he sentido como Atreyu, uno de los los protagonistas de “La Historia Interminable” (de Michael Ende), cuando se encontraba parado ante las puertas de El Oráculo del Sur… ¿Recordáis?: Sólo el que tenga un corazón puro y valiente podrá atravesar la enigmática entrada. Sí, porque estaba custodiada por dos esfinges que destruían al más osado caballero, tan sólo abriendo sus cuatro ojos, si éste dudaba al pasar entre ellas…

Pues eso, allí estaba yo, inmóvil, delante de aquellas estatuas… Y me he preguntado: ¿Estoy preparado para cruzar las despiadadas puertas de “El Oráculo del Norte”? (esta vez del Reino de León y no del de Fantasía…)
Pero justo cuando el miedo comenzaba a apoderarse de mí, y las esfinges a despertar… una chillona vocecilla, desde lo más profundo de mi mente, me ha dicho: No dudes. ¡No dudes! ¡¡¡Correeeee…!!!
Hombre, no ha sido tan emocionante como en la película; y mucho menos que en el libro… Pero me he armado de valor, he clavado los bastones con fuerza en el suelo… y he dado un firme paso que me ha llevado al otro lado.
¡Ya no había vuelta a atrás! ¡No tendría sentido! Ahora, después de un largo Camino, repleto de grandes peligros e innumerables desafíos… mi “destino” estaba, al fin, más cerca que el punto de partida. ;)))
* LO MALO: A veces, la Realidad supera a la Ficción…



